Por Salvador Calva Morales
Un día el universo reclamará mi materia
y lo que hoy llamas cuerpo será apenas luz dispersa,
pero no confundas esa transformación con ausencia:
hay despedidas que solo cambian de forma.
Me deslizaré en lo cotidiano para no asustarte;
seré la corriente de aire que te eriza la piel sin motivo,
el latido súbito que te obliga a llevar la mano al pecho,
un colibrí suspendido mirándote fijo,
una mariposa blanca trazando círculos en tu jardín.
El mar levantará su marea como quien levanta un recuerdo,
y en ese ir y venir reconocerás nuestras batallas,
los días difíciles, las victorias pequeñas,
lo que creímos perdido y terminó siendo exacto,
como si todo hubiera ocurrido para llegar a ese punto perfecto.
Me esconderé en los aromas que no tienen nombre,
en páginas abiertas al azar,
en versos que parezcan escritos por otros,
pero dirán lo que yo no alcancé a terminar;
me sentirás hablándote quedo entre líneas.
Caeré contigo en forma de lluvia,
arderé despacio en el humo del incienso,
creceré en los campos floridos que mires de lejos,
y cada estación será una excusa para rozarte
sin que nadie note mi insistencia.
Cuando el invierno te enfríe los huesos
y una necesidad inexplicable te incline hacia el vacío,
cerrarás los ojos buscando mis labios
y encontrarás mi silueta intacta, sonriendo,
porque nadie se va del todo
mientras alguien lo sostenga vivo en su recuerdo.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























