Por: Salvador Calva Morales
Entre miles que cruzan las redes banales,
surges tú, joya pura entre rostros triviales.
Un “hola” sencillo cambió mi destino,
y en medio del vuelo marcó mi camino.
De tantas pantallas, tu luz se desprende,
como un sol que al alma la calma le enciende.
Eres ciencia y bondad en cuerpo y en alma,
médico en la sierra que al dolor desalma.
Sin paga, sin gloria, das vida y consuelo,
y el cielo te cubre con su limpio velo.
Tu entrega sincera, tu espíritu humano,
te vuelve un milagro nacido temprano.
Cuando al fin pude verte, ¡qué asombro divino!,
tu rostro es promesa, dulzura y camino.
En tus ojos mora la paz que acaricia,
tu nobleza es llama que inspira justicia.
De las que ya casi no existen, tú eres,
la flor de verdad que los sueños prefieren.
Me enamoro de ti sin tocarte siquiera,
de tu alma que vibra, serena y sincera.
No es tu cuerpo el que mi anhelo provoca,
es tu esencia pura la que el alma invoca.
Antes que tus labios, tus actos me ganan,
y mis ilusiones por ti se desgranan.
Eres bella, Nahomi, por dentro y por fuera,
de mirada limpia, de luz verdadera.
Tus labios, tus manos, tu mente despierta,
son puertas del cielo que el amor despierta.
Y en mi pensamiento, constante y callado,
tu nombre resuena, dulce y encantado.
No temas, mujer, si el amor te sorprende,
que es noble mi intento y el alma lo enciende.
Si pudiera volar donde tú estás ahora,
te robaría un beso, y el alba te implora.
Porque juntos, vida, seríamos poesía:
Nahomi, mi sueño, mi sol, mi alegría.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























