Por: Nancy Almassio (Argentina)
La influencia del lugar natal en la escritura literaria
El lugar donde nacemos pareciera dibujar en nuestro interior un mapa donde se descubren los rasgos identitarios, los aromas, los colores, los sonidos, los relieves, hasta el rumbo de los vientos. Al leer a los poetas, descubriremos en cada palabra, en cada verso, ese entramado sutil del mundo interior y el paisaje, en los rastros léxicos, las recurrencias en los campos semánticos o en las imágenes. Al leer sobre la vida de algunos poetas y su obra, es posible vincular las poéticas con la ciudad que aloja, que imprime un sello identitario, cuyos paisajes se llevan como adheridos en el ADN, como si al nacer ingresaran al torrente sanguíneo del poeta y navegaran por sus venas como naves cargadas de maravillas.
La conciencia del lugar natal como generador de identidad
Convencidos de que existe una influencia entre el lugar donde nace un escritor y su poética, nos preguntamos, entonces, ¿dónde se imprimen las huellas del terruño en el poeta? ¿Acaso, la obra literaria de los autores son puertas de entrada a la identidad geográfica, cultural y emocional de los pueblos? En este sentido, el autor Forns-Broggi en su artículo “Conciencia ecológica del poeta: hacia la descentralización de la ciudad latinoamericana” expresa que “el poema mismo (es) como espacio peculiar donde se realiza la articulación de lo local es una clara fuente de energías vitales para elaborar con ellas estrategias de resistencia a los patrones centralistas de organización social, étnica, genérica, etc. …Los poetas no tienen ese afán científico de agotar todas las explicaciones posibles y saben mejor que nadie que hay muchísimo de lo que no estamos conscientes que no se puede expresar a través de un lenguaje “normal”. La conciencia de esta limitación ha llevado a los poetas a extremar su ingenio lingüístico y probar su capacidad expresiva que alcanza su sentido clave en ese ámbito simbólico de arquetipos donde se encuentra la congruencia entre la subjetividad y el mundo natural (Kidner, 79-80). Como dice el pionero en la ecocrítica latinoamericana, es el poeta mismo el espacio donde se articula lo local con las energías vitales y en ese “ser poético” se genera la conciencia del lugar natal como inspiración de valores, sentimientos, modos de ser, es decir, cultura e identidad.
El lugar donde nacemos los poetas, gesta en nosotros, huellas que conducen el camino de las palabras. Las vivencias generan conciencia y la poesía, a su vez, promueve una conciencia colectiva, la conciencia de los lectores. Hay lugares que inspiran nostalgias, lugares que inspiran luchas, lugares que inspiran amor.
Huellas del lugar natal en la obra de grandes poetas
Los invito a realizar un pequeño recorrido por la vida de destacados poetas para echar luz a nuestras preguntas: Federico García Lorca, con su poesía apasionada y la poeta argentina Alfonsina Storni con versos coloreados de nostalgia, tempestades y mar.
Federico García Lorca y su infancia en el campo
Iniciamos con el poeta español. Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, un pueblo andaluz de la vega granadina, en 1898, el año en que España perdió sus colonias. Su madre había sido durante un tiempo maestra de escuela, y su padre poseía terrenos en la vega, donde se cultivaba remolacha y tabaco. En 1909, cuando Federico tenía once años, toda la familia se estableció en la ciudad de Granada, aunque seguiría pasando los veranos en el campo, en Asquerosa (hoy, Valderrubio), donde Federico escribió gran parte de su obra. Federico viajó mucho y vivió durante largos períodos en Madrid, pero Federico recordaría cómo afectaba a su obra el ambiente rural de la vega: “Amo a la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas, tienen sugestiones que llegan a muy pocos. Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. De lo contrario, no hubiera podido escribir Bodas de sangre”. En sus poemas y en sus dramas se revela como agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de la sociedad rural española. Una de las peculiaridades de su obra es cómo ese ambiente, descrito con exactitud, llega a convertirse en un espacio imaginario donde se da expresión a todas las inquietudes más profundas del corazón humano: el deseo, el amor y la muerte, el misterio de la identidad y el milagro de la creación artística. Dicen los versos de Lorca: “Quisiera esta tarde divina de octubre/pasear por la orilla lejana del mar;/que la arena de oro, y las aguas verdes, /y los cielos puros me vieran pasar.” (Fragmento del poema “Dolor”). Como vemos, en Federico, las experiencias vividas en los años infantiles, como él dice, son como semillas en estado latente que germinan en sus obras escritas en forma de versos, en parlamentos de los personajes, en pasiones, en paisajes, en luchas. Federico expresa que el lugar tiene “sugestiones” que llegan a muy pocos. ¿Esos “muy pocos” serán acaso los poetas? ¿Vieron los sinónimos de sugestionar? El diccionario dice: “hipnotizar, hechizar, embrujar, encantar, seducir, incitar… eso hace el lugar en el alma del poeta.
Alfonsina Storni y sus montañas
Contemporánea a Lorca, la poeta suizo-argentina Alfonsina Storni. Nació en 1892, en el cantón suizo de Capriasca y llegó a la Argentina a los cuatro años, a la provincia de San Juan. Ella escribió sobre su nacimiento “Nací al lado de la piedra junto a la montaña, en una madrugada de primavera, cuando la tierra, después de su largo sueño, se corona nuevamente de flores. Las primeras prendas que al nacer me pusieron las hizo mi madre cantando baladas antiguas, mientras el pan casero expandía en la antigua casa su familiar perfume y mis hermanos jugaban alegremente. Me llamaron Alfonsina, nombre árabe que quiere decir dispuesta a todo”. Alfonsina, ha vivido entre montañas, o entre hermanos que juegan felices mientras ella, observaba y respiraba los perfumes de panes y flores y las nostalgias. Suiza es famosa por sus Alpes, San Juan, por su parte, está rodeada de la Cordillera de los Andes, ambos lugares presentan montañas majestuosas, valles profundos creando un paisaje dramático. En la poesía de Storni, el ocre irradia un significado sobre los conceptos tradicionales de naturaleza y cuerpo femenino. Citemos sus versos: “Bajo sus lomos rojos, en la oscura caoba, / Tus libros duermen. Sigo los últimos autores:/ Otras formas me atraen, otros nuevos colores/ Y a tus fiestas paganas la corriente me roba. / Gozo de estilos fieros — anchos dientes de loba./ De otros sobrios, prolijos — cipreses veladores. /De otros blancos y finos — columnas bajo flores. /De otros ácidos y ocres — tempestades de alcoba. / (Fragmento del poema “Palabras a Rubén Darío”). Como dijimos la poesía de Alfonsina a través de los “ocres”, color sucio y natural oxidado y terroso, se distancia de los “azules” de Rubén Darío y lo expresa en estos catorce versos alejandrinos. De ese modo, Alfonsina sintetiza un ciclo de tres fases en el que las sucesivas etapas vitales se corresponden con actitudes fluctuantes hacia el modernismo: deslumbramiento juvenil, abandono en la adultez, reconocimiento definitivo de su impronta “en las venas”. Termina el soneto con los siguientes versos: “Ya te había olvidado y al azar te retomo, / y a los primeros versos se levanta del tomo/ tu fresco y fino aliento de mieles olorosas. / Amante al que se vuelve como la vez primera:/ eres la boca que allá, en la primavera, / nos licuara en las venas todo un bosque de rosas.” Como expresáramos al principio, es en las venas donde su licúa el lugar donde habitamos, como dicen los versos de Alfonsina, “el bosque de rosas”.
Al leer a Alfonsina, encuentro datos sobre “una red de poetisas americanas que unía a una serie de mujeres vinculadas por el oficio, la relación epistolar y, muchas veces también, la amistad. La “hermandad lírica” o “artística” entre las autoras en el siglo XIX. (Garrido Donoso, 2014, en Puppo, 2019, p. 11). Esta cita me permite introducir el ejemplo de lo contemporáneo y mi experiencia en la conformación de redes de poetas latinoamericanas, “el arte de ser poeta”.
Necochea y el azul del mar en los versos
Hace unos meses, inicié una experiencia de escritura a través del género epistolar intercambiando correspondencia literaria por mail con otros poetas. Este género me permitió “tomar conciencia” de la importancia que tiene el lugar donde he nacido y donde vivo, para mi poesía. Al escribir, recorro mi obra y advierto que mi ciudad y sus paisajes son los versos, que sus paisajes están grabados en el ADN de la palabra poética.
En una de las cartas escritas con destino a poeta del Océano Pacífico escribo: “Yo, he nacido en Necochea y el mar de mi ciudad tiene poesía. Cuando llego hasta su orilla, todas mis inquietudes se disipan. El calor del sol en la piel, la frescura de las aguas en los pies, la brisa que alborota mi cabello como si quisiera ingresar en mis más recónditos rincones y expulsar todas las caracolas incrustadas en las piedras de mis sueños y así, limpias las arenas de mi alma, reinicia la ilusión de cada día. Es el mar el milagro de la paz de mis ensueños y la flama de mi inspiración para las palabras, bellas palabras, palabras buenas sólo brotan del manantial sumergido en agua y arena de mi Atlántico. Algo tiene el mar.” Somos soñadoras y los sueños son revelaciones de verdades ocultas en nuestro inconsciente. Revelaciones ancestrales y futuras. Predicciones de las musas y nuestra misión extraordinaria en esta tierra. El mar es el puente colgante, como el de mi querida Necochea, que nos une en la poesía. “(Carta N° 8, 23/11/24).
En otra de las cartas, expreso: “Necochea, al lugar donde mis manos se hunden en la tierra y mi alma, de vez en cuando, llueve de nostalgia. Una casita con limoneros y ciruelos, narcisos y lavandas, con aroma a mentas y amores invisibles. Somos también un río – me dices. Somos también esperanza -te respondo. Somos las olas del mar que siempre llegan a la orilla, que se reconstruyen, que vuelven a su esencia, que viven la más emocionante aventura de romperse en las alturas para luego, conseguir la más maravillosa calma junto a la arena. ¿Y la espuma? La espuma sería el amor. .. En esta epístola hablamos de Alfonsina y su sufrimiento a causa del amor. Ella “deseaba ser altiva como el mar, ella quería tornarse soberbia, inalcanzable, pero nosotras, somos esa ola bella y majestuosa, hemos trascendido a esa pena honda de amor. Vos, ya lo encontraste, yo, lo busco, aunque a veces sospecho que ya está en mí, como desarrollo en mis Amores invisibles. Entonces pregunto: ¿Acaso hay mar sin espuma? Es sólo una cuestión lógica”.
Esta misma carta, incluye un canto poético al Puerto Quequén: “En el año 1998, el diario La Nación, uno de los de mayor tirada en la República Argentina, publicaba: Quequén, un puerto con mitos propios. Para luego relatar la historia del puerto en el que voy de vez en cuando para que el viento acaricie mis cabellos y despierte algún suspiro que renueva el aire de mis pensamientos. Dice el periódico:” NECOCHEA. – Hace un siglo nadie hubiese imaginado que, en estas costas, en donde naufragaron bergantines, veleros, buques cargueros y decenas de otras embarcaciones, se llegase a construir lo que es hoy uno de los puertos de aguas profundas más importante del Atlántico Sur: Quequén, Hablan de los barcos hundidos, de la bravura del mar con los náufragos y de una bandera que flameó entre la arena y el campo desafiando las obstinadas órdenes de la tempestad. La gente aquí debió hacerse fuerte y resistir a los vientos. La gente aquí, no sucumbió a las adversidades y abrió su corazón. Quequén significa “barrancas altas” y proviene del idioma de los pueblos originarios “kem Ken”. De un lado del río, se encuentra la ciudad de Necochea y del otro la ciudad de Quequén”.
Y mis poesías hablan de este maravilloso paisaje: Cuando voy al puerto, me encuentro con lobos marinos, un hermoso mural “regalo del artista, su pincel y su acuarela”, como dicen mis versos, con barcos que entran y salen, con pescadores, visitantes, gaviotas, sonidos, oleajes… libertad. También hablan los versos de la desidia, falta de cuidado. El alma del poeta se desvive por erradicar ese sentimiento de todo humano. Tengo esperanza que un día sólo palabra y paz, amor y unión, reinen en mundo. También le he escrito al viento en mi primera publicación poética, Hombres irreales (2017): “Sopla el viento del sudeste en tu ventana/y derriba recuerdos de la infancia/mas siembra otro árbol que hay un mañana…” (Soneto al viento, p.50). En Mujeres Reales también: “Viento del sur/ que despeinas el follaje, despiadado. /Enfurece el mar/y ellos tratando de llegar hasta la orilla…”(Vientos del sur, p.38).
En esta correspondencia literaria continúa el recorrido por mi ciudad a través de la cita de mi poética: “He escrito versos al puerto y que forman parte de mi tercer libro Amores invisibles (2020): “Hoy fue al puerto/y el azul invadió mis ojos/y vi la ballena azul/el unicornio azul/tu mirada azul/tu amor azul…/”(Hoy fui al puerto, p.25) En el mismo libro hay versos al río: “Susurran del álamo, las hojas/y de reojo, miran las lisas/que pescadores aún no han pescado/y se preguntan/si cuando marque el reloj las seis,/me habrás besado”. (Hoy fui al río, p. 32-33)
He dedicado versos a los habitantes de la escollera del Puerto Quequén, los somnolientos lobos marinos. Una vez alguien me dijo que deseaba ser lobo marino para estar tendido al sol sin preocupaciones. Pensé que quizá era una ofensa para el lobo marino que tiene que luchar por su territorio con otros machos, por el alimento con los otros habitantes de la colonia, por una hembra, por sobrevivir…Estos versos surgieron de mi inspiración: “Miles de lobos feroces/en lucha silenciosa/con Lobo Marino solitario/Pelea desigual/lucha de especies/cada uno defiende lo que tiene:/Lobo Feroz, su ego. /Lobo Marino, ternura/Lobo Feroz, astucia, /Lobo Marino, el cielo”. (De lobos, p. 41) (Carta N° 10, 8/12/24)
Sobre el final de la carta, advierto que en las poéticas se puede evidenciar el sentimiento del poeta que es, a su vez, el alma del terruño. Así escribo: “Me llamas amiga de la esperanza y me gusta. Yo te llamo amiga de la nostalgia… tus cartas evidencian esa nostalgia, esa necesidad de regresar al origen de todo, a tu Chile, a tu ser en tu tierra natal y recuerdo, simultáneamente, esa foto que me compartiste donde estás con una larga pollera de flores y juventudes. Somos también un río – me dices. Somos también esperanza -te respondo. Somos las olas del mar que siempre llegan a la orilla, que se reconstruyen, que vuelven a su esencia, que viven la más emocionante aventura de romperse en las alturas para luego, conseguir la más maravillosa calma junto a la arena. ¿Y la espuma? La espuma sería el amor. La poeta argentina Alfonsina Storni dice en su poesía “Frente al mar”: Yo tengo el corazón como la espuma. / Mar, yo soñaba ser como tú eres, /Allá en las tardes que la vida mía /Bajo las horas cálidas se abría…/ Ah, yo soñaba ser como tú eres. /Mírame aquí, pequeña, miserable, / Todo dolor me vence, todo sueño;/ Mar, dame, dame el inefable empeño /De tornarme soberbia, inalcanzable. / Alfonsina sufría por amor, deseaba ser altiva como el mar, ella quería tornarse soberbia, inalcanzable, pero nosotras, somos esa ola bella y majestuosa, hemos trascendido a esa pena honda de amor. Vos, ya lo encontraste, yo, lo busco, aunque a veces sospecho que ya está en mí, como desarrollo en mis Amores invisibles. Entonces pregunto: ¿Acaso hay mar sin espuma? Es sólo una cuestión lógica”.
Nuestras cartas tienen la energía vital del mar, energía marina que, por cierto, es una energía inagotable. Nuestras cartas están unidas por la mística de nuestras poéticas, nuestras historias, nuestros recorridos literarios, nuestros sueños. (Carta N° 11, 13/12/24)
Como vemos, los versos traen en su génesis los vientos de la costa de mi Necochea y en su alma, el sentimiento de libertad y esperanza. La poesía es la voz de la conciencia de amor al terruño del poeta. Cada palabra, cada metáfora, es una instantánea de la vida emocional que se recrea en los instantes de inspiración y escritura. Sería motivo de otro análisis, si cada poeta ha escrito versos a su ciudad natal. En este caso, me remitiré a compartir mi poesía escrita a mi amada ciudad. A través de la poesía, pueden recorrer sus paisajes, pero también los sentimientos de cada uno de los emblemáticos lugares, las” postales” de mi Necochea. Esta poesía ha recorrido Latinoamérica y con ella, la ciudad se recrea cada vez que alguien lee o escucha el recitado de los versos.
A mi ciudad, Necochea
Al natural.
Delicado perfume de eucalipto.
En tu piel, baños de sol y sal.
Homenajea
tu simpleza, el viento, mientras flamea
tu adolescencia de proyectos
a contramarea.
Al natural.
Se despereza Febo en la escollera
acariciando los tatuajes de tu piel,
regalo del artista,
su pincel y su acuarela.
La gaviota con su canto,
a tu hijo pescador,
lisonjea.
Al natural.
Erosiona tus curvas, la marea.
Arquitecto del tiempo replantea
tu origen en el parque
y en tus playas , se recrea.
Respiran hondo tus caminantes,
senderean tus hijos,
te descubren, te reviven.
Rumorosa de día.
Silenciosa de noche.
Filantropea tu alma libre
en la vereda.
Izas tu belleza en cada esquina.
La casa de Neko, la del suave declive.
Atravieso el puente
fluyo por tus arterias
y tú, te presentas al natural,
sin maquillaje.
Elocuente ingenuidad
dejar al descubierto tal belleza.
Fluyen por tus venas agitadas aguas.
Naufrago en tu mar
para hacerte poesía.
Sueños heroicos,
el viento espolvorea.
A la orilla del Quequén
naufraga un delirio,
destino de esplendor y luz,
mi Necochea .
Poema incluido en Poética de la esperanza de Nancy Almassio (2024)
La ciudad de Necochea con sus amplias playas, su extenso y silencioso río, con el frondoso parque de eucaliptus donde los senderos parecen conducir a un laberinto de esperanza, con sus puentes, sus cascadas y un sol que reluce en la escollera, es un paraíso. Este paraíso lo he compartido con los “poetas de mi pueblo”: Amalia Celina Dones Antonio Pereira, Elsa Monsec, Gabriel Nieto Suárez, Marta Rizzo de Baroni, Berta Elvira Rivero, María Cristina Teixans, María Rita Gil, Enrique Puccia, Olga Helling, entre otros cientos. Sin dudas, Necochea, es “cuna de poetas” y podemos decir, luego de esta sucinta mención de algunos poetas necochenses contemporáneos que, Necochea, es un paraíso para la inspiración poética.
Nancy Almassio, poeta, educadora e investigadora necochense. Es autora de cinco poemarios. Es presidente de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires Filial Necochea y Coordinadora de Sabersinfin en Argentina.




























