Por Nancy Almassio (Argentina)
—Poesía de domingo—
En la quietud de la tarde,
se silencian los trinos,
las verdes hojas y las flores,
parecieran posar para mi fotografía.
Inmóvil, el viento, ha abrazado al tiempo
y juntos, jugaron a detener
el mundo por un momento.
Es el instante en que la siesta
se despierta. Aún lleva el sabor
del dulce sueño en los labios.
Privilegio del alma, revivir
entre ensueños, los amores.
Vivo y ardiente, el corazón,
ha descubierto los misterios
de ese sol de las alturas.
Él arde para mantenerme distante
pero en la cercanía, es lago,
cristalino, de tibieza infinita.
Cuando la tarde parece dormida,
nacen huellas en hojas blancas,
nervaduras de verdades,
imaginarias palabras en tinta roja.
Se mezclan los colores de cada día
y es remanso que navega por mi piel,
el sentimiento.
Si tuvieras que dibujar a la felicidad,
en este papel, coloreado de azul,
verías la inmensidad de tu mar en mi cielo.
Nancy Almassio es educadora, investigadora y poeta argentina.





























