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No es necesario ser filósofo de la ciencia para ser un antiastrólogo

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Imagen de autor Michael Noel en PEXELS

Por: Pablo Iván Corona Pillado

La concepción griega, y «mainstream», de los astros 

Los astros —según el imaginario griego— eran buenos. La astrología es la ciencia de los astros. Esta ciencia concebía que el Destino, o Hado, era tejido por los astros mismos. Ante el Hado no había escapatoria, ya que el porvenir ya estaba contenido en el pretérito y el presente: por ejemplo, si un navegante estaba destinado a sufrir una dolorosa muerte en el mar Mediterráneo, era un hecho que la padecería, pues los astros así habían tejido su vida. A efectos de la astrología, el navegante, ciertamente, no habría tenido la oportunidad de pisar tierra firme, sano y salvo.  

A la inalterabilidad del futuro, a partir del pasado y el presente, llámesele «fatalismo». Colíjase, pues, que la ciencia de los astros adoptó una posición fatalista sobre el tiempo. La gran mayoría de griegos concebía que sus vidas ya eran portadoras de un porvenir, tejido, sí, por los astros que habitaban los cielos. Cabe adicionar que el Hado era bueno, ya que era producto de los astros. 

No es de extrañar que la corriente estoica haya retomado el fatalismo de la astrología, dado que esta concepción del tiempo ya estaba inserta en el imaginario de muchos griegos. El cosmopolitismo, propio del período helenístico, consecuentó que la idea del Destino también fuese adoptada por los astrólogos de Babilonia. Estos últimos se vieron influidos por el helenismo a causa de los pensadores estoicos. 

Plotino era afín al helenismo, por tanto, tampoco es extraño que haya concebido que los astros tejiesen la vida del hombre a través del Hado. Éticamente, los astros —según la gnosis plotiniana— eran buenos. Ontológicamente, estaban compuestos de elementos nobles y puros; y más todavía, eran intelectivos, inmortales y divinos ​(Igal, 1982, pág. 500)​. 

La polémica antiastrológica de los gnósticos 

«Gnosticismo» es un término que designa a un conjunto de sistemas filosófico-religiosos de corte cristiano, hermético y judío, respectivamente. Si bien el gnosticismo porta influencias del helenismo, cierto es que tiene una autonomía discursiva. Por ejemplo, tanto el gnosticismo como la astrología mainstream aceptaron que el cielo contenía astros; ahora bien, esta última los veía como seres bondadosos, mientras que el primero sostenía que estaban sujetos al malvado gobierno de los arcontes. Por «arcontes», refiérase a una serie de entidades astrales que gobiernan los cielos y el mundo de la materia. Nuestro término fue acuñado por Valentín de Alejandría, filósofo y teólogo gnóstico. 

El gnosticismo planteó que había hombres espirituales que procedían de lo divino. Mas estaban caídos en el mundo de la materia. Eran —por decir así— semillas pneumáticas que debían retornar a su reino espiritual. Sin embargo, la vuelta a casa se veía mermada por los arcontes, ya que —según la cosmología gnóstica— tejían la vida de las simientes a través del Destino, o Hado. Y sí, los arcontes tenían el poder de dominar a los hombres espirituales, debido a que ambos se encontraban en el mundo de la materia. 

La ontología gnóstico-valentiniana establece que los arcontes están compuestos de una substancia astral. Mientras que las simientes de Dios, por su lado, son portadoras de un elemento espiritual. Puesto que el espíritu es superior a lo astral, las semillas que están caídas son superiores a sus dominadores, los arcontes. Dada la predilección por el hombre al interior de los sistemas gnósticos, cabe concluir que la soteriología gnóstica concibe a un hombre espiritual capaz de desafiar al Destino. Su condición ontológica «le salva» de la hartura del mundo material. 

«Así pues, dicen (los gnósticos), el destino es una realidad hasta el bautismo; después de él, ya no dicen verdad los astrólogos» (ExcTeod 78,1: MT II 386). Teódoto, discípulo de Valentín, planteó que el hombre espiritual se salvaba del Destino —y, por tanto, de la dominación arcóntica— si y solo si recibía el bautismo. Posterior al recibimiento del sacramento antedicho, ninguna entidad astral ejercería un poder sobre él. 

Las polémicas antiastrológicas de los gnósticos se encuentran en la Biblioteca copto-gnóstica de Nag Hammadi. El Tratado tripartito (BNH I 5), la Carta de Eugnosto, el Bienaventurado (BNH III 3) y la Sabiduría de Jesucristo (BNH III 4) forman parte de este corpus antiastrológico. Antropológicamente, la simiente espiritual considera que los astrólogos son hombres materiales: puesto que dicho estatus ontológico es inferior al que proponen los discursos gnóstico-valentinianos, los astrólogos no pueden ingresar al reino espiritual. 

Procedencia de la antiastrología gnóstica 

Como señalé en la sección anterior, el gnosticismo se inspira del pensamiento helenístico; ahora bien, su autonomía discursiva también porta un influjo del judaísmo. No obstante, es claro que el gnosticismo no construye su concepción de los cielos con base en la imaginería helenística, pues —de acuerdo a su astrología— los astros son seres buenos, intelectivos, inmortales y divinos. Mientras que el judaísmo, por su lado, era una religión que tenía una muy mala impresión de los cielos; por tanto, es de concluir que el desdén gnóstico hacia los astros halla su substrato en la religión judía. 

Empero, el judaísmo contenido en el cristianismo paulino es el que los discursos gnósticos emplean para desarrollar su edificio antiastrológico. Los sistemas gnósticos, entonces, hacen una buena y recta comprensión de las cartas que escribió Pablo de Tarso. Es pertinente agregar que uno de los principales exponentes del cristianismo neotestamentario es el Apóstol Pablo; y más todavía, dado que dicho autor creció en un entorno helenístico, siendo judío de cepa, puede considerársele como un pensador de corte judeo-helenístico. El paulinismo, en suma, es el cristianismo que funge de intermediador entre los sistemas gnósticos y la religión judía. 

Por lo cual no estoy seguro (= Pablo) de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Rm 8,38-39). 

Ni ángeles, ni principados, ni potestades: estas son las entidades que habitan en los cielos; no son muy benignas, ya que son capaces de separar al creyente del amor de Dios. Al igual que los arcontes que Valentín propone, estos «dioses inferiores» también son dominadores del mundo. 

Tanto los arcontes como las entidades astrales (del Apóstol Pablo) gobiernan sobre los cielos y el mundo de la materia; sin embargo, entre ellos hay una distinción fundamental: los primeros participan en la producción del mundo, mientras que los segundos solo son vigilantes de la estructura en cuestión. 

CONCLUSIÓN 

A pesar de su pronunciado helenismo, los sistemas gnósticos son portadores de una autonomía discursiva, porque: plantearon que los arcontes son partícipes de toda una cosmogénesis. También son los gobernadores de los cielos y el cosmos sensible, mas dicha tesis no es propiamente gnóstico-ortodoxa, ya que es retomada de la angelología que propone Pablo de Tarso. 

Los hombres espirituales, por su condición ontológica, son merecedores de una salvación. Fuerza es que retornen al reino espiritual del que proceden, debido a que son consubstanciales entre sí. Los arcontes, gobernadores y productores del mundo material, velan por el orden al que están sujetos los espirituales que están dispersos por el universo. Son tejedores del Hado, así que tienen la oportunidad de controlar la vida de los hombres espirituales. Puesto que estos últimos no solo están compuestos de substancia astral, pueden rebelarse en contra del dominio arcóntico y su Destino.  

De acuerdo a Teódoto, filósofo y teólogo gnóstico, las simientes de Dios superan al Destino tras la concreción del bautismo. Su afirmación tiene profundas implicaciones sobre el tiempo al que están sujetas las simientes. Si el Destino funda al porvenir con base en el pretérito y el presente, se concluye que los hombres espirituales desafían el fatalismo de la astrología helenística. El bautismo asegura que su porvenir no se funde en el gobierno arconte, así pues, las semillas adquieren libre arbitrio. No hay fuerza que les someta en un supuesto futuro predestinado. 

Las razones de la antiastrología gnóstica son de carácter soteriológico y ontológico. Mientras que la filosofía de la ciencia, por su lado, da argumentos antiastrológicos de orden epistemológico. Si bien ambos discursos son distantes entre sí, cierto es que comparten el rechazo hacia la concepción astrológica del Destino. Aún más, señalé que es bien extraño hallar un discurso —en la Edad Antigua— que no sea afín al Hado. Por ello, concluyo que no es necesario acudir a discursos científicos contemporáneos que desvirtúen la astrología; el porqué, a inicios de nuestra era, el gnosticismo comenzó a ofrecer razonamientos filosófico-religiosos en contra de potencias infracelestes. 

Pablo Iván Corona Pillado: Estudiante de la Licenciatura en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana           

Abreviaturas
BNH — Biblioteca de Nag Hammadi
ExcTeod — Extractos de Teódoto
MT — Montserrat Torrents
Rm — Romanos

REFERENCIAS
Igal, J. (1982). Contra los gnósticos. En Porfirio. Vida de Plotino y Enéadas I-II (J. Igal, Trad., Vol. I, págs. 483-535). Madrid, España: Gredos.

Jonas, H. (1958/2000). La religión gnóstica. El mensaje del Dios extraño y los comienzos del cristianismo. (M. Gutiérrez, Trad.) Madrid, España: Ediciones Siruela.

Montserrat Torrents, J. (1983). Clemente de Alejandría: Extractos de Teódoto. En J. Montserrat Torrents, Los gnósticos II (J. Montserrat Torrents, Trad., Vol. II, págs. 344-391). Madrid, España: Gredos.

Piñero Sáenz, A., & Montserrat Torrents, J. (1997/2018). Introducción general. En A. Piñero Sáenz, J. Montserrat Torrents, F. García Bazán, F. Bermejo Rubio, A. Quevedo, & A. Piñero Sáenz (Ed.), Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi: Tratados filosóficos y cosmológicos I (Quinta ed., Vol. I, págs. 19-126). Madrid, España: Trotta.