Por Salvador Calva Morales
Un perro no es un niño, entiéndelo bien,
no viste ternura, ni come en mantel.
No busca tu cuna, ni anhela tu voz,
habita otro mundo que dicta su ley.
No entiende caprichos, culpa ni rencor,
solo quiere instinto, estructura y amor.
No lo abraces tanto que pierda su ser,
ni lo cuides tanto que deje de ver.
No lo envuelvas nunca en tu abrigo fiel,
ni lo sientes junto a ti en el mantel.
Aunque brille en él la pura ternura,
no es tu hijo: respeta su estructura.
No es humano, por más que lo ames sin fin,
es un perro, su alma tiene su origen.
No necesita tus gestos humanos,
sino sombra, clan y juegos tempranos.
Humanizarlo no es tierno, es dolor,
es vestir tu ego y llamarlo amor.
No le robes nunca su esencia animal,
nace ya completo, sin doble moral.
No es peluche, espejo ni adorno fiel,
ni tu hijo, ni payaso en carrusel.
Míralo a los ojos, honra su lugar,
y permite al fin que pueda respirar.
Amar no es mimar sin conciencia real,
es respetar su especie y su caudal.
Dale reglas, espacio, compañía,
y verás florecer su alegría.
Si lo haces humano por tu confusión,
le causas un daño, aunque haya intención.
Un perro es perro, no tu proyección:
si lo amas, respétalo con compasión.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























