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Honrando a nuestros muertos

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Imagen de autor DanausMx en PIXABAY

ConoSER Bien

Al igual que un día bien aprovechado trae buen sueño,
una vida bien aprovechada trae una muerte feliz.

Leonardo da Vinci

Por: Jorge Rodríguez y Morgado.

El Día de Muertos es una festividad que se celebra en muchas partes del mundo, pero en México adquiere características únicas y distintivas ya que se considera la muerte como un proceso natural que ineludiblemente, tarde o temprano, debe ocurrir.  

La relación de los mexicanos con la muerte, que combina temor, admiración y burla, se diferencia de otras culturas donde a menudo es un tema más solemne. La particularidad del Día de Muertos en México reside en su sincretismo, que mezcla las creencias prehispánicas, donde se veía la muerte como parte del ciclo de la vida, con elementos del catolicismo. 

El Día de Muertos es una de las costumbres más arraigadas en la cultura mexicana, en prácticamente todo el país, del 1 al 2 de noviembre millones de personas colocan ofrendas y visitan los panteones para recordar a sus difuntos. Es una celebración tradicional que honra a los muertos y está vinculada a las celebraciones católicas de Día de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos. La Unesco declaró el 7 de noviembre de 2003, la festividad de Día de Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de México, aunque generalmente se hace referencia a la inscripción formal en 2008. 

Para la iglesia católica el Día de Todos los Santos es una solemnidad que tiene lugar el 1 de noviembre. En este día la Iglesia celebra la fiesta solemne por todos los difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente, han obtenido la visión beatífica y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios. También, es el día que corresponde a los niños o muertos menores. 

La conmemoración de los Fieles Difuntos se realiza el 2 de noviembre en memoria de los fallecidos, su objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrenal y, en el caso católico, por quienes se encuentran aún en estado de purificación en el purgatorio. Este día es especialmente significativo, ya que se cree que las almas de los difuntos regresan para reunirse con sus seres queridos. 

Para comprender el Día de Muertos, es importante adentrarse en sus raíces históricas. Se considera que esta festividad tiene sus orígenes en las antiguas culturas mesoamericanas, como los aztecas y los mayas. Estos pueblos veneraban a sus muertos a través de rituales que honraban la transición de la vida a la muerte. 

En nuestro país, México, el Día de Muertos es una celebración originaria de la época prehispánica. En ese periodo, muchas etnias mesoamericanas rendían culto a la muerte. Entre ellas estaba la mexica cuyos dioses encargados de definir el destino de las ánimas eran Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli. Ambos eran señores del Mictlán o “lugar de los muertos”.  

Se creía que para que los difuntos iniciaran el trayecto al Mictlán, los vivos se encargaban de acompañarlos por medio de un ritual. Después se amortajaba al fallecido junto con todos sus objetos personales y el cuerpo era simbólicamente alimentado con los manjares más exquisitos. Después de cuatro días, el cuerpo era llevado a enterrar o cremar y a partir de ese momento, el alma emprendía el difícil trayecto.  

Luego, cada año durante cuatro años, se realizaban ostentosas ceremonias en el lugar donde se encontraban las cenizas o el cuerpo del difunto. Así, este complejo ritual no solo ayudaba a que las almas descansaran sino también a facilitar el proceso de duelo de los familiares. 

Con la llegada de los conquistadores españoles, las tradiciones autóctonas se entrelazaron con las costumbres católicas, dando origen a la versión moderna del Día de Muertos que conocemos hoy. Este sincretismo cultural es clave para entender la riqueza y diversidad de la festividad. 

La muerte en otras culturas ha tenido diferentes significados: los antiguos egipcios creían en la vida después de la muerte. Pensaban que el alma del difunto viajaba al Más Allá. En la antigua Grecia se consideraba que cuando el alma abandonaba el cuerpo, viajaba hasta un lugar en el que se separaba a los espíritus justos de los injustos, mientras que el cuerpo se quedaba en la tierra, ya fuese enterrado o incinerado en una pira, merced a su muerte física.  

En la antigua Roma la muerte era un acto social que hacía notables diferencias según la condición social o el estatus del muerto. Para los budistas, la muerte es sólo el principio de otra vida que se irá repitiendo hasta llegar al Nirvana. El hinduismo sostiene que existe vida después de la muerte, el alma renace en este mundo, aunque no necesariamente en un cuerpo humano.  

Los musulmanes creen que, después de la muerte, serán juzgados según sus obras. Sus buenas o malas acciones los llevarán al cielo o al infierno. En el folclore japonés, los Shinigami (Dios de la muerte) son dioses o seres sobrenaturales que invitan a los seres humanos hacia la muerte, o inducen sentimientos de querer morir.  

Los mayas creían en la vida después de la muerte, pues la vida era un tiempo sin fin. Para los mayas, “la muerte no significa la aniquilación”. Los mexicas tenían la cosmovisión de que la muerte era la continuidad de la vida y de acuerdo con la manera de morir se tenía un lugar en algún paraíso a lado de un Dios o en inframundo, con los de abajo. 

Para el cristianismo, la muerte es un tránsito desde la vida terrenal hacia Dios. Los cristianos piensan que, al morir, el cuerpo se corrompe, pero el alma sobrevive. La muerte es el descanso eterno junto al Creador

Como puede apreciar, amable lector, independientemente de las consideraciones que se tiene para la muerte, ésta es motivo para honrarla en todas las culturas del mundo, esperando, en estos días, la visita de sus muertos con mucho fervor. 

A disfrutar nuestras tradiciones, feliz Día de Muertos. 

Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com