Quisiste sellar la fuerza de mi savia
con el peso de tus labios,
tu aliento frío se desbordaba,
intentando apagar el incendio
que en mi pecho latía.
Pero el fuego es persistente,
y cada chispa se funde
en la lava de nuestros miedos.
De rodillas imploraste al cielo
el favor de los sueños cumplidos,
mientras las estrellas, sordas,
se mantenían impasibles.
Cada gota que se derramaba
era la pócima secreta del encuentro,
un néctar que alimentaba
el sueño de nuestras almas.
Tu piel, pétalo suave de rosas,
en silencio recibió cada beso.
Y aunque el tiempo transcurre despacio,
la huella de ese momento
permanece vivo,
como la sombra de lo que no se olvida,
como un pacto de tu piel con la mía.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























