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Para ti, que solo tú y yo sabemos tu nombre

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Foto: Pixabay

Por Salvador Calva Morales

No te escondas para escribirme, te lo ruego,
como si el amor fuera un delito pequeño
que hubiera que guardar entre sombras,
cuando en realidad nos delata hasta el silencio.

En tu casa materna no hay ojos que entiendan
lo que apenas nace entre tú y yo.
Y yo… yo no necesito descubrirte,
porque lo evidente no sabe disfrazarse.

No temas, mujer: lo nuestro
no conoce de máscaras ni de huidas.
Lo que arde no se camufla,
lo que vibra no pide permiso.

Y aunque intentáramos negarlo,
aunque bajaras la mirada y yo fingiera calma,
hay un idioma entre nosotros
que se pronuncia sin palabras.

Vendrán dos semanas largas, interminables,
como un reloj que se burla de mi impaciencia,
y viviré —lo confieso— con esta dulce abstinencia
que tiene sabor a ti y a tu ausencia.

Buscaré remedios absurdos, pócimas inventadas,
tal vez en manos de alguna yerbera de fe improvisada;
pero sé, muy en el fondo, lo sé,
que no hay cura que no lleve tu nombre.

No te culpo, mujer divina.
Esto se dio sin querer queriendo,
como esas cosas que el destino escribe
cuando uno cree que está improvisando.

Lo he dicho mil veces y hoy lo confirmo:
esta sapiosexualidad me ha tomado por asalto,
y la sufro… sí, la padezco,
pero qué forma tan hermosa de estar condenado.

Tu mente, tu forma, tu esencia…
todo en ti desborda lo que comprendo,
y me dejas aquí suspendido
entre la admiración y el deseo.

Gracias, mujer de intelecto infinito,
por este vértigo tan lleno de vida,
por hacerme sentir que el amor
también se piensa… y también se respira.

Y si de compasión se trata, ven, acércate:
tírame al suelo con tus gestos sencillos,
hazme caer en tu risa, en tu mirada, en tu voz;
yo sabré levantarme distinto.

Me alzaré lleno de ilusión, de ternura, de fe,
como quien descubre un milagro en lo cotidiano,
porque si caer es hacerlo por ti…
entonces bendito sea el golpe.

Y eterno el intento de amarte,
porque el verdadero amor no busca levantarse:
prefiere seguir cayendo juntos hacia la misma luz infinita.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta