
En la quietud del alma, paz anhela,
un mundo en armonía, sin fronteras,
donde el amor florezca en primaveras,
y el odio se disuelva cual candela.
La humanidad en sueños se consuela,
buscando en cada paso sus quimeras,
unir los corazones, sus banderas,
y hallar en la concordia su tutela.
Que el canto de la vida sea un himno,
de manos entrelazadas, sin temor,
donde el rencor se pierda en el abismo.
Vivamos en un mundo sin abismo,
donde reine por siempre el gran amor,
y la paz sea el faro de este sino.
Enrique Canchola Martínez
Octubre 2024 EC-20




























