
Por Salvador Calva Morales
Cuauhtémoc, joven águila de mirada tan certera,
tomó el trono en tiempos duros,
en plena oscuridad.
Por allá de 1521
fue el último gran tlatoani que alzó su voz guerrera
para guiar a los mexicas con firmeza y dignidad.
En su nombre resonaba la grandeza verdadera
de un pueblo que aún soñaba con conservar su libertad.
Cuando el peligro arreciaba y la ciudad sufría estragos,
él organizó la defensa con valor y decisión;
puso en alto sus guerreros, sus escudos y sus pagos,
pues sabía que Tenochtitlan no caería sin razón.
En cada muro dejaba la huella de antiguos magos,
que enseñaron que la patria se defiende con el corazón.
Y no se rindió jamás, aunque todo oscurecía,
aunque el hambre y las batallas desgarraban la ciudad.
Cuauhtémoc luchó con alma, con coraje, día a día,
siempre firme frente al caos, frente a la adversidad.
Era un joven, sí, pero un joven que entendía
que rendirse sin pelear nunca sería su verdad.
Al fin fue capturado cuando el lago enmudecía,
cuando la última canoa ya no pudo navegar.
Los invasores exigieron oro, gloria y soberanía,
pero él, orgulloso, se negó a entregarlo sin dudar.
Soportó tortura y fuego con estoica valentía,
sin traicionar a su pueblo ni su honor sacrificar.
Y aunque preso caminaba, no perdió la resistencia,
pues en ruta hacia Hibueras quiso un plan reorganizar.
Entre selvas y fatigas mostró firme su presencia,
con la idea de que su gente algún día volvería a alzar.
Pero los que temen al valiente temen toda su esencia,
y ordenaron su muerte para silenciar su luchar.
Cuauhtémoc, águila joven, cayó sin bajar la frente;
fue en 1525,
con la frase que en los siglos no se deja de escuchar:
“Ya estoy en mi lecho de muerte, ahora idos a descansar.”
Así habló ante los verdugos con su espíritu valiente,
demostrando que los héroes nunca dejan de brillar.
Hoy su nombre es una llama que jamás será vencida,
un ejemplo para el joven que hoy aprende a recordar
que la fuerza del carácter también salva nuestra vida,
y que el honor, como su vuelo, nunca deja de sonar.
Cuauhtémoc nos enseña, con su historia dolorida,
que defender lo que amas es la mejor forma de reinar.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta



























