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Poema a Sócrates

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Por Salvador Calva Morales

Sócrates,
viejo sembrador de preguntas,
tú no llegaste con respuestas envueltas en mármol,
ni con verdades cerradas
como puertas de hierro.

Llegaste con la duda,
con la palabra que escarba,
con el silencio que obliga a mirarse por dentro,
con esa extraña valentía
de no fingir saberlo todo.

Te sentabas frente al hombre
como quien se sienta frente a un pozo,
esperando que desde el fondo
subiera una verdad olvidada.

No quisiste discípulos mudos,
ni memorias obedientes,
quisiste conciencias despiertas,
espíritus capaces de incomodarse,
almas que no se conformaran
con repetir lo que otros dijeron.

Preguntar, contigo,
se volvió un acto de dignidad.

Cada diálogo fue una lámpara,
cada objeción una ventana,
cada palabra una piedra removida
del camino hacia uno mismo.

Mostraste que el maestro no impone:
acompaña,
provoca,
despierta,
hace arder la inteligencia
hasta que el otro descubre
que llevaba dentro
una chispa que nadie podía regalarle desde fuera.

Sócrates,
tu mayéutica fue parto del espíritu,
alumbramiento del pensamiento,
un modo sagrado
de ayudar a nacer la conciencia.

En un mundo que a menudo premia
la respuesta inmediata,
tu voz insiste:
detente,
pregunta,
cuestiona,
atraviesa la apariencia,
desconfía del brillo fácil.

Porque educar no es domesticar el pensamiento,
sino enseñarle a caminar solo,
con la valentía
de quien sabe
que la verdad también se busca
a través de la intemperie.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta