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Poemas sin reflectores, de Abel Pérez Rojas

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Por: BrendaCarol Morales

Al cierre de este año 2025, compartir Poemas sin reflectores de Abel Pérez Rojas es una forma de detenernos y mirar la poesía desde su dimensión más humana: aquella que acompaña, nombra emociones y ofrece presencia sin aspavientos ni reflectores.

Estamos terminando las actividades de este año 2025 y me pareció muy oportuno publicar un poema de Abel Pérez Rojas. ¿Por qué? En parte porque es una manera de cerrar con broche de oro pero, sobre todo, porque el mensaje que nos brinda en el poema que incluiré se refiere a cómo concibe Abel la poesía.

Aunque la mayoría ya conoce a Abel, para quienes todavía no saben mucho de nuestro director, es escritor, comunicador y académico mexicano. Es abogado, tiene maestrías en Ciencias de la Convivencia Humana y en Educación Permanente, y un doctorado en esa misma área. Además, es posdoctor en Ciencias de la Educación. ¡Todo un académico! Ha publicado varios poemarios y libros de ensayos educativos, también ha compilado la Agenda de poesía latinoamericana actual. Dirige la revista literaria Filigramma y, desde 2006, fundó y dirige Sabersinfin.com.

Poemas sin reflectores

Abel Pérez Rojas

Hay poemas de belleza diferente,
los eruditos los despedazan con precisión,
porque buscan la perfección en la forma
y se pierden de su esencia.

Hay versos que son medicina suave,
no cortan la piel ni arrancan lo que duele,
y aun así, sanan lo profundo, lo invisible;
son sombra en el desierto,
palmada en el hombro de quien camina solo,
fuego que enciende la esperanza
cuando el invierno cala los huesos.

No por ser humildes dejan de inquietar.
Son la voz que se alza sin estruendo,
el alma que no se rinde.
Resistencia silenciosa,
canto que despierta al alma dormida
como un haz de luz en medio del sueño.

Son versos que algunos se rehúsan a escuchar,
porque llevan la verdad en su raíz,
son canto de lucha y consciencia,
la chispa que arde sin mostrar su llama
y toca el corazón sin pedir permiso.

Estos poemas no necesitan aplausos.
Son compañía en la noche más oscura,
una mano que tiembla en el aire frío
y, sin embargo, bastan para alumbrar el camino
del que busca respuestas sin reflectores.

Hace unas semanas me hablaba Abel de esa mirada acerca de la poesía. Para él, es un acto humano y ético que acompaña, alienta, sana. La poesía se transforma en un haz de luz que ilumina. Defensora de la idea de que la poesía no necesariamente cumple una función «sanadora», porque podría llegar a ser muy utilitaria, discrepaba con él. Sin embargo, al final coincidimos en que un poema no sana porque el autor tenga la intención de sanarse o de sanar a quien lo lee. No obstante, al nombrar y dar forma a una experiencia difusa, se conecta con el lector en aquello que no podía decir. Ocurre un efecto de validación emocional que refleja y acompaña a quien lee.  ¿Por qué? La poesía crea un espacio de contención simbólica seguro.

Aún el dolor y las emociones más oscuras pueden ser miradas sin temor, sin juzgar y sin tener que resolver nada.  En ese sentido, hasta los poemas más oscuros o desesperanzados habilitan la emoción y eso, en sí, ya es sanador.   No quiere decir esto que el autor o el lector «se curen» y se elimine el dolor. Ahora bien, por experiencia propia puedo decir que al escribir —incluso cuidando las palabras y la forma, o quizá precisamente por ello—, se ordena el caos interior. Se verbaliza todo aquello que de otra manera es una marejada de ideas y sentimientos confusos y fragmentados que, al ser escritos, adquieren ritmo. Todo aquello que a veces no se puede expresar, adquiere sentido y es pronunciable. 

Por ello, al leer la VI Antología Internaciona de Poesía SabersinFin, guardé este poema de Abel, con la intención de compartirlo en diciembre. Confirmo, de esta manera, que coincido con Abel en que toda poesía cumple un papel en el proceso sanador. No son pastillas ni curas milagrosas pero, desde el más sencillo al más elaborado poema, ofrecen un espejo honesto que acompaña sin exigir.

En el poema, se reivindica el derecho a existir de la poesía sencilla, simple, que no busca el perfeccionamiento. Rechaza el escrutinio, a veces cruel, de aquellos que con erudición se fijan solo en la forma. Su crítica no es agresiva sino serena y firme: no está de acuerdo con despedazar un poema sin tener en cuenta la esencia de lo que este nombra. Como comunicador, le interesa más lo que las personas puedan verbalizar que la manera en que lo hacen.

Luego, destaca el carácter sanador de la poesía. Reconoce que no cura el dolor, pero es compañía. Con dos hermosas metáforas da cuenta del papel que juega la poesía tanto para el autor como para el lector: le da sombra cuando todo abrasa, lo reconforta cuando se necesita ese abrazo, esa palmada de amigo. También puede ser energía vital en la adversidad del invierno.

Más adelante subraya que el valor de esos poemas sencillos no reside en ser luminaria, aunque son luz. Hasta el más simple de los poemas puede impactar porque su poder no recae en cómo dice sino en lo que dice. Reclama que pese al rechazo —aunque esta vez no menciona de quienes, asumimos que se refiere a los academicistas—, todo poema tiene algo qué decir, algo que otro quiere escuchar porque es auténtico, nace de la verdad de quien lo elabora. No necesitan de aplausos ni de reconocimiento para existir pero cumplen un papel importante en la existencia humana.

Concebir a la poesía como un abrigo frente al desamparo, el acompañamiento y gesto solidario para los que necesitan o se sienten solos, el convertirse en voz de los que no la tienen o no saben expresarse, es fuerte y solidario. No se requiere escribir «sobre algo» sino hacerlo desde la autenticidad para resonar con otros.

En esta época en que se han ido deshumanizando las festividades para concentrarse en «tener» como símbolo de «ser», escribir, leer o regalar poesía es un acto revolucionario y solidario, muy humano. ¿Quién quita? A lo mejor podríamos darle un abrazo al que está solo, un espejo donde reflejarse al que se siente extraño, un haz de luz al que está en tinieblas o unas rosas amarillas al que está enamorado.

Felices fiestas a todos y ¡Qué siga viva la poesía!

BrendaCarol Morales

Guatemala

Escritora y académica guatemalteca. Forma parte del equipo de analistas de Poesía Lunar de SabersinFin. Además, es asociada activa de PEN Guatemala.