Por: Abel Pérez Rojas
Cuánta fuerza habita en quien se alza
cuando la noche aún pesa en los párpados
y el corazón recuerda que ha sido herido
por la misma flecha una y otra vez,
pero elige andar, sin musitar derrota.
Como el pasto que se sesga sin quebrarse,
frente al gélido soplo del norte,
así se inclina el alma, así responde,
con el leve crujido de la vida
que jamás se rinde al silencio de la escarcha.
Y el asta erguida, testigo de inviernos,
mantiene su estandarte impoluto,
porque sabe que el honor también es vuelo,
que hay símbolos que arden sin ceniza
en la cumbre íntima de los que resisten.
Cuánta fuerza se requiere para el “no”,
cuando el “sí” se disfraza de alivio inmediato
y grita en las venas con la voz de la urgencia;
decir “no” es sembrarse en tierra firme
aunque la lluvia ofrezca espejismos dulces.
Porque el impulso siempre está a la espera,
como resorte presto al salto sin preguntas.
Pero más hondo es el temple que lo contiene,
esa luz que escoge la altura del sosiego
por sobre el rugido breve del deseo.
Cuánta fuerza habita en quien se alza
ante la pasividad generalizada.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta






























