Cuando cae la cáscara que estorba,
el viento descifra lo esencial,
la naturaleza nos devuelve al origen,
en cada poro,
en cada fibra escondida,
la memoria grita lo que fuimos.
El futuro aguarda con sus certezas,
convencido de que seremos sombra,
de que la inercia será la única ruta.
Pero no.
Hay un fuego antiguo que renace,
una savia que susurra rebelión.
Detrás de los telones de la costumbre,
se alzan las cenizas de vidas pasadas,
la piel, narradora de historias mudas,
escribe con cicatrices
lo que nunca se olvidará.
Los caminos, desgastados por el tiempo,
dibujan mapas en las venas,
veteranos de un viaje sin retorno,
se empeñan en trazar nuevas rutas,
unir las huellas dispersas.
La valentía, hermana del deseo,
se planta firme ante el abismo,
no somos eco ni reflejo,
somos ruleta de lo incierto,
el pulso que desafía a la piedra.
Así, la memoria se alza eterna,
bebe de la savia que no se rinde,
y en cada micra,
en cada vestigio olvidado,
reside la vida que nos espera,
rebeldía tejida con sangre y alma.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























