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Reflexiones sobre mi Doctorado Honoris Causa

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Enrique Canchola Martínez y Salvador Calva Morales.

Por Enrique Canchola Martínez

Hace dos meses (10/4/2026), que la Universidad Mesoamericana me otorgó la distinción de Doctor Honoris Causa, en un protocolo lleno de seriedad y solemnidad presidido por sus autoridades y el claustro de profesores, en el que me acompañaron amigos y familiares. Aunque este acto solemne pertenece ya al recuerdo, la esencia de aquel momento sigue vivo en mi memoria formando parte de mi vida y un compromiso social y académico.

Mi gratitud

Al reflexionar y recordar, sobre estos dos meses, que han pasado desde el otorgamiento del Doctor Honoris Causa, en un 10 de abril de 2026, día en que se festeja a la investigación científica en honor del médico endocrinólogo y Premio Nobel de Medicina 1947, Bernardo Alberto Houssay (1887-1971 Argentina), en mi pensamiento, reitero mi profundo agradecimiento a la Universidad Mesoamericana. Teniendo presente que este título no es solo un reconocimiento a una carrera académica; es una invitación a mantener vivo el diálogo entre la ciencia y el humanismo, pilares que esta institución defiende y profesa con firmeza. Ser parte de la Familia Académica Mesoamericana, es para mí, un honor que asumo con absoluta responsabilidad.

El servicio como eje de la vocación

Desde mi perspectiva, considero que el conocimiento que no se comparte con los demás, con ética y responsabilidad social, pierde su propósito fundamental. Por consiguiente, un Doctorado Honoris Causa, debe entenderse como un contrato moral con la sociedad y una oportunidad para compartir conocimientos y experiencias de vida.

En este tiempo, he reafirmado mi compromiso de aplicar mi experiencia en neurociencias, neuroendocrinología y mi labor investigativa para incidir positivamente en nuestro entorno, continuar promoviendo modelos de construcción colaborativa del aprendizaje, convencido de que la educación es la herramienta más poderosa para la transformación social, manteniendo el rigor científico siempre acompañado de la sensibilidad estética, buscando, que el Infinitismo, sea la unión de la razón y la belleza.

La humildad como cimiento

Este grado me recuerda que la sabiduría es inabarcable porque gira en twistores infinitos y que, todos somos aprendices de la realidad que intentamos descifrar y me ha permitido reflexionar que el verdadero compromiso ético y moral de un académico, es servir con sencillez y cultivar su disposición a escuchar a los demás, especialmente a las nuevas generaciones.

La importancia

A dos meses de distancia, este reconocimiento se ha integrado en mi identidad profesional como un recordatorio constante. Teniendo en cuenta que el compromiso de servir no caduca; al contrario, se renueva en cada proyecto, en cada cátedra y en cada experimento o línea de investigación.

Agradezco a quienes me han acompañado en este camino, familia, colegas y alumnos, reiterando mi disposición de seguir trabajando, con la misma pasión del primer día, para que el conocimiento y la ciencia, sea siempre una luz al servicio de la sociedad.

Enrique Canchola Martínez. 10 de junio de 2026