Ni cómo empezar a traducir en versos
el milagro acontecido,
ni cómo encerrar en rimas el estremecer de mi alma
cuando mis manos tocan tu piel
y el tiempo se hace agua,
disolviéndose en la corriente de nuestro deseo.
No encuentro palabras para explicar
el gran placer que he vivido junto a ti,
la maravilla de sentir que en cada beso,
en cada caricia encendida,
el mundo pierde sentido y solo quedamos nosotros,
renaciendo entre abrazos.
Dime, ¿alguna vez has sentido
el deseo de arder tan hondo,
tan dentro,
que te hace retroceder el timón de los años?
Y con el peso de ochenta primaveras,
te descubres liviano,
viviendo y amando como si fueras de cuarenta.
Tus besos dulces y salvajes
se vuelven incontables en el reloj del placer;
no sé si fueron cien por hora o más,
una tormenta que me arrastra,
que me despierta,
y que entre mil sensaciones me pierdo.
Sin esperar la noche,
cuando el silencio nos envuelve,
siento que cada beso tuyo
revive a aquel joven que fui,
ese que creía que había olvidado
el misterio de sentir,
el vértigo de amar.
Orgasmos incontables y sinceros,
un contar que se vuelve imposible;
48 horas en las que cada instante contigo
es un mundo propio,
un universo de risas,
de jadeos,
de cuerpos entrelazados sin descanso.
Cada uno de mis sentidos despiertas,
vuelvo a ser púber en el sentir,
como si tus manos, tus besos y tu cuerpo
fueran la alquimia perfecta que logran lo imposible:
hacerme renacer a cada instante,
hacerme volar con solo tu aliento en mi cuello.
He llegado a la conclusión, amor mío,
que cuando la pasión y las ganas se encuentran,
cuando dos corazones laten al mismo ritmo,
nace una fuerza tan poderosa
que vence al tiempo,
a la edad y a la razón.
Es la química de nuestras almas
y de nuestras hormonas conjugadas,
de los sentimientos que nos atraviesan,
la chispa de esta magia inexplicable,
donde el amor y el deseo se unen y nos transforman,
nos devuelven al origen,
donde la vida y el amor son tan intensos, tan nuestros,
que solo tú y yo logramos disfrutar.
Y en este abrazo letal,
mi cuerpo se rinde al tuyo,
piel sobre piel,
respiración entrecortada,
como olas que regresan al mar.
Nos perdemos,
nos encontramos,
y en cada suspiro,
en cada temblor,
me haces sentir que renazco,
eternamente joven,
eternamente tuyo,
en el fuego apasionado de este amor sin final.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta































