La verdad me cayó como un rayo,
descubrí que mi ausencia era nada.
Mientras yo, con el alma en desmayo,
me moría en su huella marcada.
Yo le amaba con fiebre y locura,
con un fuego que nunca apagaba,
pero ella solo dejó su figura
y una herida que el tiempo agrandaba.
Cada noche su sombra me invade,
su recuerdo me quema la piel,
pero sé que su amor ya no arde,
que no siente mi falta sin él.
Yo que di cada beso sincero,
yo que fui su refugio y abrigo,
hoy descubro que amé prisionero
de un amor sin respuesta ni abrigo.
Mas la vida me sigue llamando,
y mis labios aún guardan calor;
de su olvido yo sigo sanando,
y en mi pecho renace otro amor.
La verdad me golpea de frente,
su vacío me quema la piel;
mientras ella me olvida sonriente,
yo me ahogo en la falta de él.
Yo que amé con el alma rendida,
yo que en besos le di el corazón,
hoy descubro que en su despedida
no le duele mi desolación.
Cada noche su imagen me acecha,
su perfume en el lecho quedó;
pero sé que mi ausencia no pesa,
que su vida sin mí continuó.
Yo le amaba con toda mi sangre,
con un fuego que aún sigue en mí,
pero el hielo en sus labios me mata,
me condena a vivir para sí.
Mas la vida no acaba en su sombra,
aunque duela su adiós y confín;
renaceré de nuevo en las horas,
y en otros labios renaceré al fin.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























