Por: Guillermo Axalco
No todo es oro, aunque deslumbre: hay brillos que encubren abismos, espejismos tejidos de falsedad. Saber decir “no” se vuelve acto de lucidez, defensa contra trampas encimadas, espejismos que ocultan lo que corroe por dentro.
En esa noche interna de engaños, los apocalipsis irreconocibles se presentan como sombras que prometen poder: días de enemigos donde la lucha no libera sino devasta; cara contra cara, se imponen falsos liderazgos no deseados, imposturas que gravitan sobre el alma y borran su pulso auténtico.
Hay que aprender a filtrar, a discernir la careta que nos pide territorio y la que nos usurpa. Hay que preservar la dignidad, resistir a la apropiación, como si el corazón fuese un templo sin acceso para invasores.
Que en medio del caos resuene más fuerte la decisión de no aceptar la trampa que brilla. Porque lo que verdaderamente es oro no deslumbra con luces artificiales, sino con la honestidad que sobrevive, íntegra, a pesar de todo.
Guillermo Axalco es amante del conocimiento. Considera la capacidad de decretar como una forma de crear y construir.




























