ConoSer Bien
“El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo.”
François Fénelon (1651-1715)
Por nuestra especial naturaleza, el sufrimiento ha acompañado al ser humano desde nuestro origen más ancestral. En la filosofía budista todas las enseñanzas giran alrededor del sufrimiento y el apego. Para el budismo, el apego a las personas y las cosas materiales es una de las tres principales causas del sufrimiento, las otras son la aversión al rechazo y la ignorancia.
Siddharta Gautama, asceta, meditador, ermitaño y maestro espiritual, también conocido como Buda, después de años de aprendizaje y contemplación decía que “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.
La frase anterior tiene el significado de que el dolor es una parte de la vida, pero que el sufrimiento se puede evitar ya que depende totalmente de uno. El dolor es un mecanismo de defensa que el cuerpo utiliza para protegerse, pero el sufrimiento es el resultado de dejar que el dolor sea crónico.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, el sufrimiento es el dolor, la pena, el padecimiento, o la angustia que se siente al sufrir. También se puede definir como la tolerancia, la paciencia, o la conformidad con la que se sufre algo. La palabra sufrimiento proviene del latín sufferre, que se compone del prefijo sub –“debajo de”, y ferre –“carga o peso”. Por lo tanto, el sufrimiento hace alusión a cargar un peso, a soportar una carga agotadora.
En el judaísmo, el sufrimiento se considera a menudo un castigo por los pecados y una prueba de la fe de una persona. Ejemplo de un personaje que tuvo graves acontecimientos generándole constantes sufrimientos, es narrado en la Biblia en los pasajes de la vida del Santo Job¹, hombre rico y respetado por sus vecinos. En su haber contaba con una cantidad inmensa de piezas de ganado y muchos trabajadores.
Dios le había bendecido a Job con diez hijos, siete varones y tres mujeres. En una ocasión, Dios elogió frente a sus ángeles la bondad y la fe de Job, quien a menudo hacía sacrificios para pedir perdón por los probables pecados de sus muchos hijos. Pero Satanás trató de desmerecer la fe de Job y la atribuyó a la vida próspera que Dios le había proporcionado.
Satanás le propuso a Dios que pusiera a prueba la fe de Job quitándole todo lo que tenía. Dios accedió. Días después, le avisan a Job que unos ladrones habían matado a sus trabajadores y robado sus bueyes, además, que un rayo había matado a todas sus ovejas y a varios pastores. Le dicen que los enemigos del país vecino habían matado a los arrieros y que habían robado los camellos. Finalmente, le informan que sus hijos e hijas habían muerto, cuando estaban todos reunidos, debido al derrumbe del techo de su casa.
A pesar de todas estas desgracias, Job no culpó a Dios. En lugar de eso, se rapó la cabeza en señal de duelo y dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre. Sin nada volveré al sepulcro. Dios me lo dio, Dios me lo quitó. Bendito sea Dios“. Dios valoró el buen comportamiento de Job, diciendo: “¿Se han fijado en mi amigo Job? No hay ninguno tan santo como él en la Tierra”.
Satanás volvió a atribuir la fe de Job a su buena salud. Poco tiempo después, Job desarrolló sarna, pero Job no culpó a Dios: “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿por qué no vamos a aceptar los males que Él permita que nos sucedan?”.
Al saber de sus infortunios, tres amigos viajaron para encontrarse con Job. Y estuvieron de acuerdo que probablemente había sido muy pecador y que por eso Dios le estaba castigando. En un momento Job llegó a cuestionar a Dios, diciéndole que él no merecía un sufrimiento tan grande. Job se da cuenta de su error y retira sus palabras, por lo que Dios bendijo de nuevo a Job, concediéndole el doble de ganado y el doble de riquezas, devolviéndole su salud y curándole de su enfermedad.
Además, Dios le concedió una larga vida, según la Biblia, Job vivió 140 años después de que terminaron sus pruebas. En total, se dice que vivió 210 años. Tuvo la oportunidad de volver a construir una nueva familia con una nueva esposa y con otros muchos hijos y nietos. Según narra la Biblia, el Santo Job murió feliz en la senectud, satisfecho con la vida que había llevado.
El ser humano ha buscado las causas del sufrimiento desde hace milenios. En el budismo, la razón del sufrimiento es una mera cuestión mental. El sufrimiento para Buddha es la inadaptación de la mente a la realidad. indica que es la experiencia directa y no la fe el camino a la Iluminación.
Otra corriente de pensamiento dice que el sufrimiento es la tendencia de la mente, sea por naturaleza o condicionamiento, a identificarse con aspectos negativos: Esta es la conocida costumbre de ver “el vaso medio vacío”, y no “el vaso medio lleno” en cada situación, existe una tendencia humana al sabotaje, al dolor, a la crisis.
En el contexto actual, el sufrimiento tiene su base en la persistencia de la idea materialista egoísta, y en la incapacidad de las personas para contrarrestar el bombardeo de estímulos nocivos o triviales del medio circundante.
En numerosas religiones, el sufrimiento juega un papel importante, en cuestiones como: consuelo o alivio; conducta moral; avance espiritual a través de las dificultades de la vida o de las pruebas autoimpuestas; destino último (salvación, condenación, infierno).
Por lo anterior, amable lector, lo importante es reconocer las raíces del sufrimiento y aceptarlas sin resistencia ni querer cambiarlas y quitarnos el velo de la ignorancia que nos mantiene atrapados en la creencia de que nada cambiará, de que el dolor nunca pasará y que los estados de felicidad perdurarán tal cual están aconteciendo.
Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com
Referencia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Libro_de_Job

































