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Sempiterna

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Imagen auspiciada por PIXABAY

Te escabulles en mis pesadillas
como viento de lluvia
y me abrazas hasta congelarme
bajo un cielo nublado de tanta frustración.

Eres la ruptura de mi elocuencia
cuando tus labios, cálidos y eternos,
se posan en mi cuello y siento,
que, con solo un beso, podrías derretir
mis pensamientos más erróneos.
Entonces abro los ojos
y te observo como una epifanía nocturna
en medio de una nada
hecha de todo lo que no pudimos ser.

Luces tan inmarcesible
que mi cuerpo se siente
diminuto y terrenal,
el solo tacto de tus manos
me parece etéreo,
como todo lo que venga de ti
y tu sigues ahí, quieto,
hablándome con tu mirar que me hiela el cuerpo,
con tus mejillas húmedas,
tan llenas de recuerdos vacíos.

Esta noche quiero deshacer todos tus miedos,
uno a uno entre poemas callados
y canciones melancólicas.
Quiero envolverme en el castaño
que aterriza entre tus hombros
porque Dios… eres una sempiterna
que se esconde entre mi muerte
y me revives con la dulzura que emana de tu voz,
me vuelves sonámbula de tus silencios
hasta hacerme caminar
por aquellas creencias irreales
donde tú ya no estas.

Eres como efervescente,
tus ojos son burbujas de cristal
que se elevan a la superficie de mis labios.
Me incitas a besarte
por encima de las citas que se forman en tu boca,
cuando sonríes a medio camino entre tu ser y mi ser,
cuando tu aroma deja un rastro de amor tan perfecto
como un camino de luna imposible de ignorar.

Rene Rojano, Poeta fronteriza