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Sexualidad y estilo de vida

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Imagen del autor Kamaji Ogino en PEXELS

– La Historia Jamás Contada –

Presentación:

Continuando con el recuento de los años transcurridos desde la irrupción de la DIVERSIDAD SEXUAL en la vida pública, algo que notamos quienes presenciamos sus inicios en  los años 80 del siglo pasado, es que aún si ahora se habla con toda naturalidad de ella, incluso en ambientes antes impensables, como los medios masivos, siempre es algo atribuido a otros, los Otros, ahora englobados en la eufemísticamente llamada “comunidad LGBTTTIQ+”, cuando lo social e históricamente trascendente es que ahora ser diversos se  reconoce como un DERECHO, y éstos son universales, es decir, para todos, incluidos también los que no se incluyen o son incluidos en la dicha “comunidad”. Un tema, el de la diversidad inmanente a la sociedad, que ya planteaba yo en los primeros talleres abiertos de sexualidad que hubo en esta ciudad hace 40 años. Es el sentido también de la cápsula radiofónica que les comparto a continuación:

A diferencia de generaciones pasadas, la nuestra y la que le sigue, la generación joven actual, no sólo han dado a la sexualidad la importancia que merece, sino que también han ido descubriendo que la forma concreta en que cada uno vive, ejerce o experimenta su sexualidad, no depende tanto de un ciego determinismo biológico, como de las decisiones que se vayan tomando en su momento.

La Sexología, entendida como el estudio científico de la sexualidad, ha descubierto posibilidades insospechadas en cuanto a expresiones sexuales se refiere, pero no sólo como diversidad objetiva, la que existe como un hecho fuera de nosotros, sino también como diversidad subjetiva, potencial, que llevamos dentro.

Sin embargo, esta función introspectiva del saber sexológico, es decir, la capacidad de ver dentro de nosotros mismos, que nos da el conocimiento sobre la sexualidad de otros, no ha sido aprovechada para construir nuestro propio estilo de vida.

Por ejemplo, aunque sabemos, por la Sexología, que existen las variedades heterosexual, homosexual, bisexual, transexual y travestí, todos somos “presuntos heterosexuales” hasta que se demuestre lo contrario.

El lenguaje policiaco no es casual, pues, efectivamente, sólo hasta que un juicio lo decida, podemos abandonar la categoría sobreentendida de “heterosexual” para comenzar a buscar entre las otras o en alguna combinación de ellas, la que se adapte mejor a lo que sentimos o deseamos.

Para este juicio, la “carga de la prueba” la lleva el propio individuo que, si sospecha que es diferente, entonces tiene que demostrarlo, primero a sí mismo y luego a los demás. No existe, pues, un derecho como tal a llevar el estilo de vida en que uno se sienta cómodo sexualmente, porque un derecho puede ejercerse o no, pero no se somete a juicio.

El concepto de “estilo de vida” proviene de la Sociología de la Vida Cotidiana y comprende todas aquellas actividades que realizamos, si no a diario, sí cuando menos regularmente, y que por la forma característica que las hacemos, son parte de nuestra identidad. Abarca todos los aspectos de nuestra vida: alimentación, vestido, ocupación, diversiones, etc.

El estilo de vida lo vamos construyendo, y en ese proceso hay mucha experimentación, en el doble sentido de ver cómo funciona y también en el de vivir la experiencia.

La sexualidad forma parte de nuestro estilo de vida y por eso mismo es influida por otros elementos, o se expresa a través de ellos.

La libertad para experimentar en este aspecto de nuestra identidad sobre el que sí tenemos control, nuestro ESTILO DE VIDA, es fundamental para tener una mejor comprensión de nuestra sexualidad, pues el atenernos a moldes establecidos, literalmente NO NOS DEJA VERNOS.

Puebla a 6 de mayo de 2004.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.