Ya no tengo fuerzas para sentir envidia: de los de vida apacible, de los simples cuya vida transcurre llanamente, de los afortunados que distinguen la verdad de la mentira, de aquellos cuya rutina transcurre sin contratiempos. Ya no tengo fuerzas….
Cómo he de envidiar a los que ganan el pan con su trabajo. Para ellos no existe la locura, el desasosiego del alma.
Como olvidar a los de otoños iguales en que sus jardines se cubren de las mismas hojas.
Si la vida no es posible en mis campos. Si la muerte viene a mi todos los días.
Como temblar de rabia por la dicha de los otros si nací maldita. Y fui feliz mientras no reconocí la marca de mi destino.
Pensé que había vida por delante y viví de los privilegios de aquellos carentes de conciencia.
Ahora donde iré a esconder mi desgracia. Mi maloliente desgracia, mi corazón apabullado por la rabia.
A quien culpar de mi destino, en que árbol derramar las lágrimas de mi corazón que sangra. Que muere lentamente apartado de todo, solo.
Xóchitl Niezhdanova, Poetisa Mexicana





























