Ni herida ni dolor acepto
como escuela obligada.
La luz también enseña
cuando se posa serena sobre el alma.
No hay medallas en la piel rota.
Renuncio al maltrato como maestro,
al que confunde violencia con carácter,
al que llama aprendizaje
a sobrevivir sin romperse del todo.
Elijo la ternura como guía,
el amor como idioma de los sabios.
Me niego a creer que solo enseña la llaga,
que no hay otra forma de crecer
que no sea llorando.
El abrazo también enseña.
No escucho más a la lanza envenenada:
su filo engaña, su voz infecta.
Prefiero el consejo del río que fluye
sin lacerar la piedra,
pero la transforma.
Hay otra forma de crecer,
otra manera de volverse cielo
sin haber sido campo arrasado.
La dicha también deja cicatrices:
las que no duelen, las que iluminan.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta




























