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Solo sé

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Imagen de MartaNemcova en Pixabay

Solo sé

Dicen que si nació en un día preciso
o si el tiempo cambió su lugar,
que si fue aquí, que, si fue allá,
que si vino temprano o se hizo esperar.

Preguntan la edad de su último aliento,
los clavos, los panes, la historia y la cruz;
discuten si reyes siguieron su estrella
o si fue un misterio vestido de luz.

Que si tuvo hermanos, que, si fue distinto,
que cuándo regresa, que dónde estará…
y el mundo se pierde en tantas preguntas
que olvidan lo único que importa de verdad.

Porque yo solo sé —y lo digo en voz baja—
que cuando caía me vino a encontrar;
tomó entre las suyas mi mano temblorosa
y en medio del miedo me enseñó a andar.

Me enseñó a reír con el alma desnuda,
a ver lo infinito en lo más natural,
a dar gracias siempre por lo que parece
pequeño y sin ruido, pero es esencial.

Me enseñó a llorar sin sentirme vencido,
a soltar lo que duele, a volver a empezar,
a dormir con el pecho en calma serena
y al alba despierto volver a confiar.

Me enseñó despacio, sin prisa ni ruido,
a amar sin medida, a tender la mano,
a verme con ojos de infinita paciencia
y a abrazar al otro como a un hermano.

Me dijo en silencio, en lo simple, en lo diario,
que un “gracias” sincero transforma el dolor,
que un “perdón” a tiempo reconstruye puentes
y que el miedo se rinde ante el verdadero amor.

Me mostró que el milagro respira en lo humano:
en la risa, en la casa, en la mesa y el pan;
que su amor se refleja en todo lo que amo
y en cada latido que me hace amar más.

Me dejó hundirme sin nunca perderme,
me dejó caer para poder crecer;
y aunque me alejara buscando caminos,
nunca dejó en silencio de permanecer.

Me enseñó que el tiempo es un soplo prestado,
que la vida es instante que hay que abrazar,
que vivir es un acto de fe cotidiana
y ser mejor, siempre, la forma de amar.

Y aunque a veces dude y el miedo me nuble,
me susurra quedo que vuelva a creer;
que la fe no es certeza, es salto en el vacío,
confiando en que Él me sabrá sostener.

Y al final del día, cuando todo calla,
cuando el alma habla sin ruido ni voz,
no sé responder a tantas preguntas…

pero sé quién vive latiendo en mi interior:

Jesucristo.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta