Por Salvador Calva Morales
Te quiero en la calma de las noches doradas,
cuando el silencio se vuelve cómplice discreto
y parece comprender nuestros nombres.
Las palabras fluyen despacio,
como si el tiempo se sentara a escucharnos,
sin prisa, sin memoria de relojes:
ese instante donde tu voz y la mía se encuentran
como dos luces suaves que se reconocen.
En la serenidad de nuestras conversaciones
descubro un lugar donde el mundo deja de pesar,
un espacio donde habitar sin miedo,
donde mi presente se vuelve más dulce,
como si cada instante se abriera lentamente
solo para vivirlo juntos,
sin resquemores.
A tu lado el tiempo no corre:
se queda suspendido entre una mirada y otra,
entre el leve roce de nuestras manos
y esa cercanía que no necesita explicarse,
por la sutileza de dos corazones que se saben.
Este amor que siento por ti es tan real
como el aire que entra en mis pulmones;
mis labios parecen haber nacido
con la secreta vocación de buscar los tuyos
y quedarse allí, aprendiendo de tu silencio,
de tus secretos y tus devociones.
Te amo con un amor suave, pero profundo,
sencillo como una caricia en la penumbra,
infinito como la emoción que despierta tu piel;
y mis labios guardan la memoria de los tuyos
justo cuando la noche se inclina sobre nosotros
y el corazón comprende sin decir nada:
que amarte es la única forma verdadera de existir.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























