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Tercera luna de miel

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Foto: Pixabay

No bastaron ocho días,
ocho tardes y ocho noches
para saciar el fuego entre tus muslos.
El puerto de Acapulco ardía, pero más tus broches
cuando mis manos voraces te tenían.
Te abría como flor cada mediodía,
y el resto del tiempo del mismo día
tú gemías en cada instante, alma mía.

Mil orgasmos me diste sin medida,
tormentas de placer, furia sagrada.
Tu cuerpo, mi linda morada,
tú, mi alcoba preferida.
Y en cada entrega,
tú más desenfrenada.
Pasión y entrega,
ni un suspiro en vano.
Con cada ola de mar,
más nos deseamos.

Las mañanas eran dulce tormenta,
despertar con tu piel enardecida.
Tu lengua y mi boca,
guerra violenta,
y el sueño, tras gemir, te dejaba rendida.
Dormías con la paz del paraíso,
yo, aún latiendo,
preso del hechizo.

Las siestas tras comer, largas pero ardientes,
sin horario ni tiempo que existiera.
Nuestros cuerpos exhaustos,
sudor entre dientes,
una y otra vez que tú querías.

Las madrugadas de lujuria sincera y caliente,
en cada roce un nuevo juramento
de ahogarnos juntos en el mismo aliento.

Tus entrañas, mi templo y mi condena;
mis entradas en ti,
son tus clamores eternos.
Convertimos la pasión en cadena:
multiéxtasis, multiorgasmos,
suspiros tan tiernos…
Dulce condena.

Jugamos como púberes al fuego:
en cada tarde un cielo,
en cada encuentro un suspiro sin apego.

Ochenta y uno mi estado,
tú, treinta menos que yo.
¿Qué importa la edad?
El tiempo huía cuando te tenía.
En esta tercera luna de miel,
en solo siete meses de erótica poesía,
somos inagotables carne, fuego y llama.
Más que amantes,
juntos los dos…
somos una melodía.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta