En la universidad, tu ausencia pesa,
como un suspiro en medio del silencio,
tu risa era el sol, tu voz, el viento,
y ahora el campus, triste, te piensa.
Tus pasos eran danza, luz traviesa,
que iluminaba el día en su momento,
y ahora en cada esquina hay un lamento,
un eco que tu nombre siempre reza.
Sin ti, la oficina está callada.
Los pasillos, en soledad, se han quedado,
en un rincón de sombras y de espera.
Se extraña tu sonrisa y tu mirada,
se busca en cada rostro tu llegada,
los pasillos, en silencio, claman tu pisada.
La universidad sin ti, vacía queda,
extraña tu presencia y tu andar coqueto,
tu voz que en los pasillos era un reto,
solo el eco de tu risa se recuerda.
Tus pasos eran música en la seda,
tu canto, melodía en el concreto,
y ahora en cada esquina hay un secreto,
un susurro que al viento se le enreda.
Sin ti, la luz de la oficina se ha apagado,
y el patio, en soledad, se ha transformado,
en un rincón de sombras y de espera.
Tu ausencia es un grito desesperado,
el campus, en silencio, ha suplicado,
volver a verte como en la vez primera.
Enrique Canchola. juno 8 de 2025




























