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Tu esclavo

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Imagen: Pixabay

Por Salvador Calva Morales

¿Cómo poner en palabras
esta marea que me habita,
este incendio que irrumpe sin aviso
y pronuncia tu nombre en silencio?

Llegaste, bella hermosa,
y no fuiste presencia: fuiste asalto,
un desorden dulce en mis sentidos,
una invasión que no pide permiso
y que, sin embargo, anhelo que permanezca.

Desde ahora te nombro en clave,
no por ocultarte,
sino porque lo tuyo es irrepetible:
como esa mente que seduce sin tocar,
como ese espíritu que se intuye libre,
como ese cuerpo…
que ahora sé, también me estremece.

Tu forma no necesita artificios,
ni moldes, ni reglas ajenas;
eres natural en la más peligrosa de las maneras,
de esas que tientan sin esfuerzo,
de las que no se olvidan.

Tus curvas nacen como un susurro
y se expanden…
como si el deseo las dibujara lentamente,
desde la columna que invita al recorrido
hasta la espalda que se ofrece como promesa.

Y ahí…
la suavidad precisa de lo insinuado,
la tensión exacta
que mis manos recuerdan
como si hubieran nacido para descubrirte.

No es solo tu cuerpo,
es lo que despierta,
es lo que enciende en mí
esta urgencia serena de acercarme,
de perderme sin prisa
en cada forma tuya.

Porque hay piel que se mira…
y hay piel que se piensa,
que se desea incluso antes del roce,
como la tuya, que ha hecho de mí tu esclavo.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta