Por Salvador Calva Morales
Cierro los ojos y mi cuarto se transforma,
el aire espesa su lenta vibración;
no estoy solo, mi pulso se reforma
al ritmo exacto de tu respiración.
No hay prisa alguna, solo el rito suave
de manos que dialogan sin hablar;
respira la piel, el deseo es la clave
de una danza que aprende a escuchar.
La cama es vasta, de seda oscura envuelta;
tu mirada me lee sin parar,
calma de lava dormida y despierta,
promesa quieta a punto de estallar.
Me rodea tu peso preciso, ligero,
dos cuerpos buscando una sola verdad;
tus labios insinúan, mi cuello es sendero,
y el tiempo se rinde ante tanta bondad.
Mas cuando el sueño llega, llega rendido,
con tu nombre temblando en mi voz;
fue invisible al mundo lo que esa noche hemos vivido,
pero ahí fui vulnerable… y amado por ti y por Dios.
Quedo suspendido en ese umbral secreto
donde el deseo no exige conclusión;
tu aliento es hogar, tu silencio es decreto,
y amar es quedarse, al menos por un momento,
sin mente y sin corazón
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamorales




























