Por Nancy Almassio (Argentina)
Las palabras juegan a las escondidas en el alma del poeta hasta que la inspiración les canta “piedra libre”
Seguramente, se preguntarán cómo es el proceso de escritura de un poema, cuál es la mística, el misterio, la ceremonia. Un poeta es un ser con el alma a la intemperie. Las palabras juegan en su alma.
El momento de la escritura del poema es un instante entre quietud y silencio. Todas las vivencias del pasado, presente y futuro se amalgaman en una retahíla de palabras que se van ordenando bajo el tamiz de la inspiración. Esa inspiración, no es ni más ni menos, que la intuición natural humana del poeta que se deja poseer por su “amor por las palabras“.
Pero no piensen que un poeta vive en un desdoblamiento permenente entre la objetividad de la vida y la subjetividad de su poética. Por el contrario, un poeta es aquel que siente la verdad de las cosas, una especie de fenóneno de pareidolia (del griego para “junto a, semejante”y eidolon “imagen, figura”. Ser poeta es abrazarse a la libertad total.
Pareciera algo utópico el “Vivir en modo poesía“. Sin embargo, es una cuestión de simpleza cotidiana: caminar respirando hondo, mirar con los ojos bien abiertos, sentir con la piel al descubierto y amar a la naturaleza sin desear lo inalcanzable (lo real y lo posible siempre están ahí, cerca nuestro, invisibles, esperando ser descubiertos). El misterio de la vida poética es avanzar permanentemente hacia el saber infinito.
-Poesía de domingo-
Zona de alternancia
Hay una franca zona de alternancia
entre la noche y la mañana,
un intersticio de luz en tus manos;
entre verano y otoño,
un capullo que se abre ante tus ojos;
entre garúa y aguacero,
una delicada sed saciada a besos.
Hay un probable margen de esperanza
entre la intemperie y la sobreatención,
un espacio de quietud y silencio;
entre las sedas y las pieles,
un suave algodón protector de lo absurdo;
entre la ausencia y la calesita visual,
una tibia mirada recién nacida.
Hay una duradera tradición del ser
entre un camino de rosas y espinas,
un laberinto hablado, rodeado de verdades;
entre volcanes y mares,
sucesiones de encuentros coronados de soles;
entre hombre y mujer,
una manifestación de amor en el alma.
Al norte o al sur,
son solo puntos en la historia que escribimos.
En oriente u occidente,
son longitudes del tiempo que vivimos.
Hay una franca zona de alternancias
entre el soñar y abrazarte.
Nancy Almassio es docente, investigadora y poeta argentina.





























