Las heridas cierran cuando el mundo
regresa a su centro,
toroide de luz que todo lo envuelve,
corazón púrpura que late
en el ojo del remolino;
vórtice, manantial, huracán:
todo en su interior es calma.
Las palabras sobran,
las explicaciones se disuelven,
y el pensamiento, fatigado, se rinde
al vacío que lo sostiene.
En el silencio,
las células marchan sin ruido,
ejércitos invisibles que zurcen la carne,
que rehacen lo roto,
y en su danza nos devuelven
a la fuente de lo que somos.
Así ocurre también con las necias fronteras
de la incomprensión,
las diferencias son espejismos:
un reflejo que el sol disipa
cuando la luz cae desde el centro.
Y entonces, el núcleo sigue,
gira en su espiral eterna,
invocándonos a todos,
como quien llama al río
a volver siempre a su cauce.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























