Fue como aceptar en tu palacio silente
palabras suaves, velos de amor aparente.
Juraste eternidad en un espacio incierto,
y yo, sediento, bebí de tu cielo desierto.
Promesas que escurrían
como agua sin retorno,
mientras yo, en mi fe,
me ahogaba en el contorno.
Tu traición llegó sin piedad,
sin aviso,
falsa esperanza que se rompe en su hechizo.
Me dejas en ruinas,
en un vacío amargo,
donde tus mentiras aún resuenan largo,
y mi pecho se cierra
con dolor y engaño,
por el peso de tu sombra en mi desengaño.
Me aferro a tus huellas,
cicatrices abiertas,
a un amor fugaz que el alma desierta.
Despecho ardiente que arde sin cesar,
como brasas que el fango quiere apagar.
Es un filo frío
que lento me quiebra
en cada recuerdo que vuelve y enhebra.
Ya no hay perdón
ni espacio al miedo,
solo queda el rastro de este amor ciego.
El despecho me envuelve
en su amarga corriente,
mientras la traición se esconde
en silencio latente.
Tu sombra oscura
en mi piel se adhiere,
como una voz sin fin
que nunca se muere.
Dime si esto termina aquí,
si traes verdad o excusas hasta el confín.
Pues mi alma ya no soporta el quebranto
de amarte y odiarte tanto,
envuelto en un solo canto.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























