Fui un desconocido para mí,
como el viajero que se pierde en su propio reflejo,
el mundo visto desde la orilla,
un espectador que no sabe lo que hay debajo,
la cáscara como único horizonte,
la superficie, el límite de mis ojos.
Nunca pregunté por la oquedad,
no me ocupé de lo que ignoraba.
Creí en las formas que el tiempo me devolvía,
la apariencia como única verdad,
el espejo como juez y dios.
La noche, lugar cómodo,
su oscuridad, mi piel,
el refugio perfecto,
como quien respira en el centro de un pozo sin fondo.
No es que no hubiera luz,
era yo quien no sabía de su plenitud.
La venda cayó sin ruido,
sin revelaciones,
solo el eco de la penumbra que siempre fue.
La ausencia seguía siendo un hueco,
lo nublado, sombra,
pero dentro de mí algo despertaba,
como una chispa oculta entre las ruinas,
una llama que resurge del silencio,
una palabra no dicha que siempre estuvo allí.
Algo en mí, que también está en ti,
se levantó de la niebla,
como el fulgor que cruza el umbral del día,
como el sol que al fin abre su abrazo
y disuelve la sombra en el vacío.
Me desconocía,
hasta que me vi en ti
y comprendí
que somos algo mayúsculo.
Abel Pérez Rojas #Abelpérezrojaspoeta
































