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Por siempre estremecer

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Foto: Pixabay

Dulce tarde de tibio fulgor,
tus malvaviscos suaves, delicados, apasionados,
tan dulces como tus ósculos sagrados,
han inundado mi ser con su fervor.

No solo mi boca al verte ha besado,
sino mi alma que hoy te ha amado.
Tu ternura, un manjar exquisito,
degustando mi placer con tanto arte,
y en el éxtasis sutil de esta tarde
el infinito se abrió al instante bendito.

Por primera vez me has permitido
ser huésped en tu templo encendido.
El aroma sutil de tu ser divino,
introito que hechiza y seduce
a la par del elixir que tu cuerpo produce,
es un néctar que al tacto ilumina.

Tu esencia se desborda, cristalina,
fundiendo el gozo en nuestro destino.
Tus pechos, ofrenda de luna,
mi boca devota los ha encontrado,
y en el roce, el placer multiplicado
cubriendo nuestros cuerpos de arrebol.

Tus labios, dulce prisión,
el farol que guía el festín del amor deseado.
Saborearte, fuente de infinito encanto,
sentir tus orgasmos en rítmico compás,
como un latido que jamás se irá, jamás.
Un palpitar que en mí dejas por tanto.

Todo en ti, mi diosa, es un encanto.
Me dejaste tranquilo y en paz,
hoy me regalaste el cielo en tu ser:
un festín de placer y fuego.

En cada suspiro, el más puro invierno
se funde en llamas,
y al caer en tu abrazo puedo comprender
que en tu amor hallé mi anhelado sueño.

En cada gemido todo en ti se siente,
las llamas se encienden al placer,
y al final, amor, en tu piel
voy a perderme, gozando siempre
tu alma,
tu espíritu,
tu cuerpo,
hasta verte por siempre estremecer.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta