A veces, los versos descienden a cuentagotas,
como si el alma apenas cediera su misterio,
pedazos de un sol que amanece entre sombras,
una lluvia que llega, fragmentada,
deshilachándose en cada palabra.
Es entonces, en la penumbra de la caverna,
donde el verbo se acurruca y se niega a brotar,
un rincón del espíritu que guarda secretos,
y ahí, en el borde incierto de la quietud,
hay que arrancar lo callado, vestirlo de voz.
A fuerza de anhelo, regateo la inspiración,
como un mendigo ante un templo en ruinas,
negociando con palabras en su última tregua,
esperando que el trueno del verso llegue,
y su reflejo despierte al sueño y al canto.
Denarios de un arte que se pierde en el viento,
fragmentos de un lenguaje en extinción,
como el canto de una tierra que se desmorona,
me obligo a recoger cada letra,
a forzarlas a cruzar el umbral del olvido.
Y en el último instante, cuando ya todo calla,
cuando el poema se muestra entero y libre,
es entonces que hallo el cauce, la marea exacta,
la corriente en la que el mundo respira,
y al fin, en silencio, dejo que fluya.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta





























