Por: BrendaCarol Morales
Inicio esta sección con mucho entusiasmo y qué mejor que compartir un poema de amor y desamor de Oli, como la llamamos en el equipo de Lunes de poesía lunar, quien es, junto con Mariela Peruffo, una de las organizadoras del programa en el que cada lunes nos reunimos a hablar de poesía.
Oli, además, es una escritora activa en Sabersinfin. Dueña de un gran sentido del humor y mucha alegría, es una entusiasta de las letras. Su poesía se encuentra en distintas antologías y hoy, para los seguidores, tanto de Sabersinfin como de Lunes de poesía lunar, les comparto uno de sus poemas publicados en la Sexta antología de Saber sin Fin: Noche de las estrellas.
El poema comienza con la exaltación del amor pero a medida que avanzan los versos, se trueca en desamor, en una soledad que es ignorada por el otro: una mujer se aferra a unas caricias y una imagen que ya no le dicen nada. El hombre que antes la hacía vibrar y bailar «al son que le tocara» ni siquiera se da cuenta de que algo ha cambiado. La experiencia sensorial que se despertaba con un sonido, que se combinaba con el tacto, la vista, el oído, ahora son distintas para cada cual. Al final, el epigrama de amor resulta doloroso: Cuando acaba el amor, las estrellas que se fijaban en el cielo se vuelven fugaces.
Noche de las estrellas
Es la historia de años luz dentro de una caja musical,
dos engranes que encajaban bien
con la mejor música entre miles de constelaciones,
pero de distinto embalaje sonoro.
Una noche bajo miles de estrellas,
pensé que nuestro epigrama era digno de contarse
hasta que un día dejé de ser la bailarina
de tu sistema solar; como luna menguante, dejé de brillar.
Fue muy fácil al principio y un infierno después,
con un amor insaciable cuatro veces al año.
Mi necesidad se perdía con uñas en tu espalda,
y tú huías con ojos de león hipnotizado.
Nunca conociste el lado profundo del iceberg,
infierno que gira alrededor del sol.
Mi realidad es distinta a como la entiendes;
estoy enamorada del joven que ya no vive en ti.
Necesito un hombro consolador y un brazo que me sostenga,
necesito un corazón que no me aísle con lo incógnito,
mis manos desean tocar el universo de tu piel cada noche,
extraño despertar sin ti cada día.
Eres el cometa que minimiza y oprime;
absurdamente me aferro a tus besos.
Fingimos ser felices.
La soledad nos asfixia todas las mañanas.
Por costumbre, no debe dolerme el corazón;
las ilusiones han caído como estrellas fugaces,
la frecuencia de la luna solitaria aumentó.
Hoy todo termina y se humilla el corazón.




























