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Un poema erótico que nos hace confluir con Adriana Terán

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La diosa egipcia Satis, también conocida como Setis, Satyt o Setet, es la diosa del Nilo, de la fertilidad y la guerra; era tanto una deidad protectora como portadora de abundancia.
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Desde una perspectiva mística, como un ritual sagrado de transformación, este poema erótico nos revela lo que un acto «físico» puede llegar a ser entre dos personas que se aman.

Por: BrendaCarol Morales

En mayo de este año, durante el VII Encuentro Internacional de Poesía Sabersinfin, confluimos varias escritoras en casa de Sarahí Jarquín. Una de ellas fue Adriana Terán. Durante largas, entretenidas y muy reveladoras noches de charlas y mezcal, confirmé que, cuando ella se denomina Poetisa cálida, no exagera. Es una mujer tierna, solícita, generosa y, por si eso fuera poco, una gran escritora, fotógrafa y viajera incansable. A lo largo de estos meses ha viajado, publicado, participado en encuentros poéticos… ¡es admirable!

Adriana es originaria de México aunque en la actualidad vive en Argentina. Esto ha permitido que sus actividades como promotora cultural se expandan. Además, ha participado en múltiples encuentros literarios nacionales e internacionales, representando grupos literarios de México y Argentina. Es académica de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (SMGE), de la Academia de Literatura y miembro de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade) Central.  Por dos años (2019 y 2021) fue galardonada con el reconocimiento Mujer Orgullo de México. Publicó Ardientemente tuya, Matices del corazón, Muñeca rota y Fruta prohibida. Esto, sin contar que forma parte varias antologías, entre ellas la VI Antología Internacional de Poesía de Sabersinfin.

De hecho, el poema que hoy les traigo aparece en dicha antología. Espero que lo disfruten como yo.

Confluencia faraónica

Adriana Terán (Poetisa cálida)

Soy Satis, poderosa,
ofrendada en las manos de Memfis,
amo que rige el destino.
Presto oídos al lenguaje divino de Thoth
en una noche oscura de Kuk.
Upuat abre la vía,
Bast nos croma de alegría,
sucumbimos enredados en pasionaria.
La estrella Siwo curiosea, se recrea
al vernos llamear sobre montados,
disfrutando boyante transmutación.
Horus visita la perla del firmamento,
Ra nos obsequia el poder de amar,
las hojas del árbol de la vida
caligrafían nuestros nombres.
El Astro Rey realiza su desplazamiento divino.
No se divisa, desapareció con la tarde,
regresará con el alba.
Entre cuerpos ávidos, Sow
humedece desde la frente hasta los muslos.
Nut, despabilada, nos sitúa en el tiempo,
sorprendiéndonos desvestidos
en la principiante alborada. Nuestros talles
siguen ardiendo como el mismo sol.

Confluencia faraónica es ese poema erótico que nos hace evocar una experiencia sensual, mística, simbólica. Como en un ritual del Antiguo Egipto, la mujer se entrega al acto erótico con una nueva fuerza. Esto se simboliza en la diosa Satis, ni más ni menos que la diosa del Nilo. Desde el primer verso hace alusión a una mujer poderosa. No obstante, se deja llevar por la sabiduría del cuerpo, el deseo y la pasión en una danza alegre, sumamente sensual y llena de vida.

Al utilizar la mitología egipcia, nos refiere a una unión erótica pero también espiritual en la que dos seres alcanzan una trascendencia divina o cósmica. En efecto, confluyen lo humano y lo sagrado, el eros y el mito. Así, la pasión amorosa se funde con el poder creador del cosmos. Una metáfora, en especial, me impactó: las hojas del árbol de la vida / caligrafían nuestros nombres. La autora une así un acto físico con algo eterno, que deja así de ser inmanente. En fin, en este poema confluyen lo antiguo con lo actual, lo inmanente con lo trascendente, la luz y la oscuridad. De esta forma, un acto quizá prosaico para muchos, desde la perspectiva ritual y sagrada que le inyecta Adriana, adquiere un nuevo valor.