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¿Duele la vejez?

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Por Salvador Calva Morales

Me preguntaron si la vejez dolía,
y en mi garganta se enredó la respuesta fría.
No supe si hablar con tristeza o con rabia,
o si guardar el dolor,
como quien calla por sabiduría.

Para mí, la vejez no duele en esencia:
soy agraciado por el Creador de todo.
Duele el cuerpo, la falta de resistencia,
duelen los males que el tiempo ha traído,
pero no el paso sereno que ha encanecido mi rostro.

Porque no duele igual la vejez con abrigo
que entre cartones, sin nadie contigo.
No es lo mismo en cama tibia y amada
que en una banca sin nombre ni almohada.

Hay quien envejece entre libros e hilos,
mirando en calma los días tranquilos;
y hay quien envejece con manos partidas,
espalda encorvada y las esperanzas vencidas.

¿Sabes lo que es envejecer y buscar
cada día cómo el pan alcanzar?
Caminar con los pies gastados de tanto,
con la memoria a cuestas y el alma en llanto.

Dormir donde el frío te besa la frente,
y el cuerpo tiembla como hoja en corriente.
Eso también es vejez, y lo grito:
¡no todo es poesía en este rito!

No todos tienen café al anochecer,
ni una manta, ni un techo, ni un porqué.
Algunos envejecen con hambre y quebranto,
y aun así se levantan temprano,
y aun así aguantan el llanto.

Qué injusto es ponerle verso y candor
a la vejez cuando no hay ni calor ni sabor;
cuando no hay mecedora ni dulce descanso,
solo trabajo, silencio y cansancio.

Pero también hay verdad en mi andar:
envejecer, a pesar de todo,
es al fin del camino llegar.
Es un privilegio que no todos conocen,
que entre sombras y penas pocos reconocen.

Hay quien aún sonríe sin tener nada,
agradece una flor, una voz esperada.
Hay quien ama la vida en la intemperie,
aunque la vida lo arroje a la miseria en serie.

Por eso tú, que tienes casa caliente,
que ves crecer nietos alegremente,
agradece cada arruga en calma,
cada noche en paz,
cada abrazo en el alma.

Y no olvides a quienes no tienen lo mismo,
que en cada rincón viven su abismo.
Los viejos que siguen barriendo y vendiendo,
que a nadie le importan, que solo van sobreviviendo.

Honrar la vejez no es solo celebrarla,
es también mirarla con compasión,
es también abrazarla.

Porque sí, la vejez duele, lo sé,
pero duele más no saber a quién le dueles.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta