Por Salvador Calva Morales
Si no respondo no es que te haya olvidado
es que tus rabias nublaron mi constancia,
pero aún llevo tu olor tan impregnado
que mi deseo arde con tu fragancia.
Sé que no me olvidas,
eso es pura arrogancia;
lo mío no es olvido, amor, es pausa del deseo.
Aunque el silencio parezca un trofeo,
te pienso desnuda, mordiendo el mundo
con tus ganas que arden sin fin, ni un segundo.
Tus berrinches y rabietas mataron la palabra,
mas no el fuego que escondo en cada rima.
Si te alejaste por rabia macabra,
no borres del cuerpo la última cita
donde, a espasmos, llegaste a la cima.
En tu boca aún duerme mi sabor lento,
como la canción, como eco que enreda.
Y en tu flor secreta, dulce instrumento,
guarda la Venus su joya más queda:
el río abierto donde el amor por siempre se queda.
No reniegues del temblor que te daba
cuando mis manos hallaban tu centro.
Sabías que, al verme, tu piel se erizaba,
y que al rozarte abrías por dentro
las puertas dulces del más tierno encuentro.
Mis besos fueron llama en tus volcanes;
los ofrecías apenas cruzabas la puerta.
Eran pactos de cuerpo sin desmanes,
eran tu ley, tu locura más cierta:
mi lengua orando en tu carne despierta.
Si hoy crees que mi pluma está dormida,
te engañas, amor,
aún vibro por ti
cada mañana.
Mi piel conmovida
te busca, te nombra y suspira,
y en cada verso mi lujuria es de por vida.
Si en tu orgullo finges que me has borrado,
recuerda que aún llevas entre tus labios
el gusto eterno de haberme probado,
como un hechizo que vuelve en resabios,
como un tatuaje entre muslos sabios.
Ahí, en la flor que la Venus esconde,
duerme el relámpago de mis pasiones.
Ahí mi lengua dejó lo que responde
cuando el amor rompe sus restricciones
y gime el alma entre convulsiones.
No creas que el cuerpo se vuelve letargo.
Si no te escribo es que late en secreto.
Mi lujuria sigue, sigue su encargo,
pues cada alborada despierto inquieto
con tu nombre ardiendo bajo mi techo.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























