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Botón de oro

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Fotografía: Janosch Lino en Unsplash.com

Por Salvador Calva Morales

Me juré clausurar el fuego de la tinta,
sellar con votos sobrios la carne del lenguaje,
pero hoy la promesa se quebró en tu nombre.
Hay deseos que no piden permiso
y reclaman su derecho a ser escritos.

No fue la carne lo primero que me llamó,
sino el presentimiento,
esa forma en que el deseo se anuncia
antes de tener cuerpo.
Te soñé antes de verte,
como idea y territorio sagrado.

Conocía la geografía secreta de tus diosas,
recintos invisibles al mundo
donde solo quien sabe mirar despacio
descubre lo que ni el espejo confiesa.
Tus zonas ocultas no eran anatomía,
eran lenguaje secreto.

Aprendiz veterano del arte amatorio,
lector de signos mínimos y silencios,
con tu permiso delicado y audaz
la distancia cedió su dominio.
No fue posesión, fue permiso;
no fue invasión, fue apertura.

Como joya mínima del infinito,
afloró el botón de oro del éxtasis,
pequeño sol donde comienza el universo.
A mis casi ochenta y dos inviernos
el deseo no arde menos:
arde mejor,
con fuego que sabe esperar
a que te entregues al volcán de mis brazos.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta