Por: BrendaCarol Morales
Después de un breve descanso por las festividades de Navidad y Año Nuevo, me da gusto poder regresar con estas publicaciones. Aprovecho para desearles un 2026 mágico, lleno de poesía.
Aa raíz de un poema de Abel Pérez Rojas, meditaba acerca del poder de la poesía para sanar aunque ese no sea su fin primero. ¿Por qué? Porque su mensaje puede llegar a alguien y conectar con aquello que le resulta complicado expresar y de esa manera, ponerle palabras a sus experiencias. Otras veces, porque desde su naturaleza polisémica, el poema se presta a interpretaciones que actúan como una lira que hace tañer al alma.
En los últimos días de diciembre, Silvia Martínez Coronel me envió su poema «sin título», el cual es de esos poemas que despiertan toda clase de emociones. Por ello, es el primer poema que compartiré con ustedes en 2026. Para quienes se acercan por primera vez a SabersinFin, les comento que Silvia es uruguaya, poeta, narradora, crítica literaria y docente de Literatura. Entre sus obras están: Parto en el agua, Ángeles inciertos (poemarios), Cuentos graves agudos y esdrújulos (narrativa), entre muchos otros. Ha participado en varias antologías. Colabora en revistas como Biografía, de Brasil; Galicia y Palabristas, de España, Filigramma de México y el periódico La Brecha, también mexicano.
sin título
De Silvia Martínez Coronel (Diciembre 2025)
si mi amor por ti fuera suficiente para salvarme salvarte
no hay espacio en esta noche derramada que no sea tuyo y aún así
no alcanza
acunarte dentro de mis huesos dentro de mis venas derramada dentro de mi vientre
no alcanza el temblor que nos posee está lleno
de tus primeros llantos y
no alcanza
el corazón abierto los buenos deseos todos esta sangre inundada de tu nombre poseída por tu nombre derramada dentro de tu nombre derramada
no alcanza
dicen que te encontraron lo vi en la prensa lo repitieron mis amigos y entonces
¿por qué será que yo que te parí que te alimenté con mi cuerpo convertido en leche derramada
que te escuché tu primera risa derramada te di la primera
papilla que se derramaba en el zapallo que relucía ¿lo recuerdas? no te encuentro?
Aclaro que la tipografía no es un error. Reproduzco el poema tal cual fue escrito con sus espacios y cortes, precisamente porque allí radica el primer y poderoso significado. Cortar con el ritmo natural de la poesía y no permitir que fluya, expresa, sin duda, el sentimiento de quiebre del yo poético. Podemos intuir el dolor y la tensión emocional, la dificultad de poder decir, la incapacidad de respirar cuando lo que se vive y se siente, abruma hasta casi asfixiar. Para algunos puede parecer exagerada mi apreciación. Sin embargo, quienes han sufrido algo que atañe a un hijo, saben que un dolor como este puede causar un dolor físico tan fuerte y profundo como el emocional.
Por otro lado, el poema inicia con una declaración de un amor que, con ser tan abarcador, porque ocupa todos los espacios posibles en una noche que se percibe «derramada», no es suficiente para salvar a ninguno de los dos. La metáfora hace evocar la soledad, la oscuridad del alma que busca desesperada y desesperanzada. La situación se sale de sus manos sin que pueda hacer nada para retener, guardar y proteger. Por ello, parece imprecar, no solo al hijo buscado sino a la vida misma. ¿No fue suficiente sacrificio haber brindado su propio cuerpo para dar vida? ¿Por qué no alcanza? La repetición obsesiva de «no alcanza» funciona como un estribillo de fracaso. Marca el límite del amor frente a esa situación del hijo, que escapa a sus posibilidades de ayudarlo, como cuando era niño.
Quizá por eso, recuerda esos primeros llantos del hijo que ahora no puede ser acunado y cuidado. En el poema, las sinécdoques: huesos, venas, corazón, sangre, nombre, dan más fuerza a la idea del derramamiento, al quiebre emocional y físico. Representan un todo que no se logra unir. El nombre no solo representa a ese ser con quien comparte la sangre. En un plano más profundo, representa vacío, pues, siendo nombre, ya no nombra. Ya no identifica a la persona a la que pertenece, ya no encuentra por más que se llame.
Otro recurso que aparece en el poema es el derramamiento: noche derramada, sangre derramada, leche derramada, risa derramada… Todo se percibe desbordado, sin control, como si la maternidad perdiera su sentido dador de vida y protector y se volviera un exceso sin sentido. El cuerpo fue lugar de encarnación, templo de vida. Pero ahora, todo lo que fue don se vuelve derrame.
Ante su propia impotencia, comenta que los otros, la prensa y los amigos, lo encontraron. Ella no lo ha visto, solo repite lo que le han dicho. Ella, la primera porque le dio la vida, porque lo alimentó y compartió sus momentos felices no lo encuentra y pregunta al mundo: ¿lo recuerdas? Si ella no lo encuentra no es ignorancia; es acusación ética. Si el mundo dice que el hijo está «encontrado», pero la madre no puede encontrarlo, entonces el mundo ha fallado.
Este poema no cree en la salvación como final feliz. Cree, en cambio, en la memoria como resistencia, en el cuerpo como lugar de verdad, en el amor como exceso que se mantiene aunque no salve. No cierra los ojos ante el dolor de quienes han perdido, incluso, el derecho a encontrar. No embellece el sufrimiento ni lo domestica. Su belleza nace de una fidelidad extrema a la experiencia, de no traicionarla con palabras falsas. No ofrece refugio, pero tampoco huye. Se queda. No pretende ser fuerte, ni ejemplar, ni resiliente. Solo es verdadera. Y en esa verdad aparece algo muy espiritual: la negativa a mentir para sobrevivir.
El poema da fe de una vida, de un vínculo que no puede romperse pese al desencuentro. Hay dignidad en aceptar que «no alcanza», no como derrota sino como reconocimiento del límite humano y así, se vuelve oración sin palabras sagradas. Cuando ya no hay explicación ni sentido, queda la fidelidad del amor, aun cuando no salva.

BrendaCarol Morales
Escritora y académica guatemalteca. Forma parte del equipo de analistas de Poesía Lunar de SabersinFin. Además, es asociada activa de PEN Guatemala, curriculista, catedrática de EFPEM, USAC y exbecaria de la Real Academia Española de la Lengua.




























