Por Salvador Calva Morales
Nadie como tú descendió a mi hondura;
nadie leyó mis sombras sin herir,
rozaste mis silencios con ternura
y el miedo aprendió contigo a latir.
Entraste donde el alma se repliega,
sin ruido, sin promesas que alardear,
tocaste el corazón cuando se niega
y lo hiciste despacio despertar.
Fuiste voz en mis dudas más secretas,
hogar en la intemperie del sentir;
mis deseos dormidos y en penumbras
hallaron en tu aliento su porvenir.
Hoy sé que hay cercanías invisibles
que dejan huella eterna al abrazar,
porque llegaste a sitios imposibles
y ahí te quedaste hondo, sin marchar.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























