Por Salvdor Calva Morales
Tu querer es mi amar.
Así comienza esta historia que no pide permiso,
porque se reconoce en la mirada antes que, en la palabra,
porque se siente como si siempre hubiera estado ahí,
esperando el instante exacto para nombrarse sin miedo.
Somos tan distintos…
y, sin embargo, tan profundamente similares,
como dos ríos que nacieron en montañas opuestas,
pero aprendieron el mismo idioma del río y del agua,
y ahora fluyen hacia un mismo destino sin preguntarse por qué.
La gracia de tu talento se adelantó a mis saberes,
y, lejos de separarnos, nos acercó en un silencio luminoso,
donde entender no requiere explicación,
donde pensar es un eco compartido
y sentir… es un territorio donde ambos caminamos descalzos.
Nos comprendemos más allá del vocabulario,
más allá de lo que se dice o se calla,
en la forma de ser, de mirar, de tocar la vida;
y sí… también en lo más íntimo,
donde el alma y el deseo no se contradicen, sino se reconocen.
Tu crecimiento, tan vasto, tan intenso,
regalo de un cielo que supo bien lo que hacía,
no me intimida… me inspira, me abraza, me eleva,
porque en esa profundidad encuentro la mía,
como si nuestros hemisferios dialogaran sin esfuerzo:
dopamina, endorfina y risa…
y esa deliciosa complicidad de hablar sin medida.
Platicar contigo es habitar la alegría,
es descubrir que lo inusual también puede ser hogar,
que entre bromas, ideas y miradas
se teje una comprensión tan pura
que ya no distingue entre tu querer… y mi amar.
Y entonces lo entendemos:
no hay duda, no hay vuelta de hoja;
nuestros caminos, aunque paralelos,
se cruzaron en el mismo punto,
y en ese cruce se dijeron todo sin decir casi nada,
como dos intrépidos del lenguaje,
como dos sabios que se enamoran en silencio.
No temas sentirlo,
no temas nombrarlo,
porque lo que somos no necesita títulos.
Este romance es tierno,
sí…
pero también firme, decidido, inevitable,
como dos Aries que aprendieron a no chocar,
sino a encontrarse.
Tú, con una mente que ha vivido más de lo que marca el tiempo;
yo, con una juventud que se niega a marchitarse;
y entre ambos, esta paradoja hermosa
que confunde a los que miran desde fuera,
pero que para nosotros es tan clara como el latido.
Que digan lo que quieran;
si nos llaman novios, sonrío,
porque en el fondo sabemos la verdad más intensa:
nos sentimos amantes,
en el sentido más puro, más libre, más consciente del amor.
Dios mío…
si nos juntaste en este espacio compartido,
si nos diste este lenguaje secreto y esta conexión sin esfuerzo,
permítenos ahora vivirlo sin reservas
en el foro inmenso de la vida.
Y que venga lo que tenga que venir,
que el tiempo haga su parte,
que el mundo gire como deba girar…
nosotros estamos listos,
sostenidos por la fuerza de nuestros corazones,
para enfrentarlo todo…
como llegue, como se dé.
Amén.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























