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Ego y espíritu: la dualidad de la naturaleza humana

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Imagen del autor Jplenio en PIXABAY

Por Saile Villalobos

La eterna lucha entre los contrarios es parte fundamental de nuestra identidad; el reto consiste en trascender este plano para alcanzar la supraconciencia. Para comprender este proceso, empezaremos por definir ambos conceptos.

¿Qué es el ego?

El concepto del «yo» tiene su origen en la etimología latina clásica: ego. La Real Academia Española define al «yo» como la realidad personal, expresando a todo sujeto humano en su calidad de persona.

El propósito del ego es infundir miedo, pues solo quienes lo sienten pueden ser egoístas; lo opuesto al miedo es el amor. El ego se relaciona con el rol con el que nos identificamos socialmente. Es la «máscara» que nos ponemos para interactuar con los demás, conseguir su aprobación y lograr nuestros fines. Cuando no somos aceptados y perdemos el control sobre el ego, nuestra identidad se ve afectada.

En realidad, no es posible eliminar el ego por completo; solo podemos regularlo para que aflore nuestra verdadera esencia. Esto se logra mediante la expresión de nuestro ser auténtico, desprendiéndonos de la máscara y mostrando quiénes somos sin dejar de interactuar socialmente. Actuar por convicción es el medio para revelar nuestra propia identidad, aceptando las consecuencias de ser rechazados por ciertos círculos sociales.

Características del ego:

  • Aislamiento: nos mantiene aislados y críticos; puede ser tanto defensivo como ofensivo.
  • Identificación externa: nos identifica con nuestra condición social, económica, actividad o nacionalidad.
  • Atadura al pasado: vive en el ayer, repitiendo patrones de conducta aprendidos sin cuestionarlos.
  • Separación: crea la división entre el «yo» y «los otros».
  • Resistencia a la realidad: no acepta «lo que es», sino que imagina su propia interpretación de los hechos.
  • Limitación: su dimensión se reduce a la vida y la muerte física.
  • Competitividad: le dificulta la cooperación, pues desconfía de los demás y del futuro.
  • Egocentrismo: interpreta los hechos solo desde su punto de vista, dificultando la empatía.
  • Fragilidad: se alimenta de creencias falsas, elude la verdad y depende excesivamente de la opinión ajena; su autoestima es muy vulnerable.
  • Materialismo: busca el placer, la fama, la riqueza, el poder y el dominio.

Cuando el egoísmo nos lleva a olvidar a quienes nos rodean, surgen los celos y la envidia. Como decía Gandhi: «La violencia se genera por el límite de la incompetencia». El ego jamás conseguirá la auténtica felicidad, pues siempre necesita del refuerzo externo.

¿Qué es el espíritu?

Según la Real Academia Española, es el ser inmaterial dotado de razón o el alma racional; una condición sobrenatural. A esta conciencia inmaterial es a lo que denominaremos supraconciencia.

Ir más allá de la conciencia intelectual implica reconocer que, mientras la construcción mental del «yo» es adquirida y puede ser falsa, lo espiritual y la supraconciencia son inherentes a cada ser humano.

Impedimentos para llegar a la espiritualidad:

  • La ignorancia.
  • El apego a los aspectos materiales.
  • El egoísmo y el miedo.
  • La insatisfacción constante.

Para entrar al plano espiritual, es necesario conocer y controlar nuestro ego, dominando estados anímicos como la ansiedad, la depresión, la soledad y la incertidumbre. A diferencia de la ignorancia, los niños poseen la inocencia, la cual es «parienta» de la supraconciencia. Esta última valora lo que tiene, aprecia las cosas sencillas, vive en paz y manifiesta gratitud. Como citó Cicerón: «La gratitud no solo es la más grande de las virtudes, sino la madre de todas las demás».

La aportación de Sigmund Freud

Desde la psicología, Freud ofreció un modelo estructural de la psique para entender estas fuerzas internas:

  1. El ello: la parte animal y primitiva, dueña de nuestros instintos de supervivencia.
  2. El yo (ego): el mediador y la conciencia del ser humano.
  3. El superyó: la parte moral y ética que trasciende lo material y nos dicta lo que es bueno o malo.

El desafío es armonizar estos componentes —instintivo, biológico y racional— para ascender a un plano espiritual.

¿Cómo vencer el estado de separación? Debemos otorgar un sentido existencial a nuestra vida trascendiendo lo material. «No solo de pan vive el hombre», dice la sentencia bíblica. Al desprendernos de la máscara del ego y desarrollar nuestra auténtica personalidad, alimentamos el ser espiritual en toda su dimensión: mente, cuerpo y alma, cumpliendo así la misión de convertirnos en seres plenamente humanos.

Saile Villalobos (eliasvillalobossaile.com) nació el 5 de mayo de 1952 en la Ciudad de México. Es licenciado en Mercadotecnia y Publicidad. Trabajó en la industria farmacéutica durante treinta y tres años. Es autor de las novelas «Del odio al amor», «Frente al espejo», «La corporación» (El secreto) y «Grafiti». También es autor del poemario «Mis reflexiones». Ha publicado «Cuentos y fábulas», «El niño navegante» y «Fábulas y cuentos del Búho Sabio». Ganador del concurso de cuento infantil BUAP-Sabersinfin, con su obra: «El niño alebrije». Ha participado en todas las ediciones de la «Antología internacional de poesía Sabersinfin». Publica en «Filigramma», la revista del Círculo de Escritores Sabersinfin.