Por: BrendaCarol Morales
El poema de Sarahí Jarquín, Devuélveme a mi mar, nos brinda una profunda mirada hacia un hecho del pasado que marcó a muchas personas. Unió nuevamente a México con España, desde una perspectiva más humana.
El valor de la poesía
El VII Encuentro Internacional de Poesía Sabersinfin nos deja una nueva antología. Esta reúne poesía de escritores de México, Colombia, Argentina, Perú, Guatemala, Chile, Bolivia, Estados Unidos, Venezuela y Uruguay.
Me encanta la idea que se plantea en la introducción: «[…] propone también un gesto de resistencia cultural. Frente al ruido del mundo, la poesía ofrece silencio fértil. Frente a la dispersión, ofrece profundidad. Frente a la fugacidad, ofrece memoria».
Ahora, cuando la prisa ya no es un simple apuro del momento, sino un estilo de vida y una norma de conducta, la poesía reaparece como una luz que nos enfoca. No es la luz potente, brillante y constante de las pantallas que nos rodean por todos lados. Por el contrario, es como esa luz de una lámpara que se enciende en medio de la noche y que, tenue, nos acoge brindándonos seguridad. Nos da una sensación de hogar que seguramente heredamos de nuestros ancestros para quienes la luz de una vela iluminaba y congregaba.
Leer poesía implica darnos una pausa, dejarnos acoger por su abrazo de emociones y vernos reflejados en su breve llama. Leer poesía nos conecta y nos devuelve a la humanidad. Nuestra alma se conecta con las emociones y los ideales de las almas que, en todos los tiempos, se proyectan en cada verso. Ya lo decía Wolfgang Kayser: «[…] caracterízase el (lenguaje) poético por la plasticidad, es decir, por su especial capacidad evocadora. No presenta opiniones ni discusiones de problemas, pero sugiere un mundo en la plenitud de sus cosas».
Por ello, después de un breve receso, me complace reiniciar con esta séptima antología. Encenderemos cada semana una nueva llamita que nos conecte con la calma, la memoria, las almas de cada uno de los que participaron en esta suma de emociones.
La autora: Sarahí Jarquín Ortega
Inicio el recorrido con el poema Devuélveme a mi mar, de la escritora Sarahí Jarquín Ortega. A ella me une la admiración, el cariño y buenísimos recuerdos de su hospitalidad.
Sarahí es originaria de Miahuatlán, Oaxaca, México. Es docente, periodista, investigadora y locutora certificada. Recibió los reconocimientos: Maestra distinguida 2000, Premio al mérito educativo de CNDH, ANCT y BUAP. Asimismo, el premio al Mérito Docente Pedagogía 99 de La Habana, Cuba y primer lugar en Poesía SNTE. Ha publicado novelas, poesías, cuentos y ensayos. Entre sus obras están: Un héroe extraviado y Un rayo de luna para la princesa de la noche (Novelas, Editorial. BUAP); Todos los caminos son nuestros. Novela, y Deliberada extravagancia. Poemas, (Ediciones del Lirio).
El poema: Devuélveme a mi mar
Por: Sarahí Jarquín Ortega
¡Aquí estoy! He vagado entre sombras
con siluetas solitarias que alimentan nostalgia,
llorando en el silencio del extravío.
Barcelona fue mi patria y meció mi cuna,
no pudo consolar el llanto de mi partida.
Vengo en un grito ofrecido
a recuperar mi mar.
A recrear mi espíritu en los amaneceres
apacibles que disfruté en la infancia,
y sonreír de nuevo en el ritmo festivo
de noches luminosas.
Olvidar que sembré en su orilla
la esperanza de mis noches mudas
y en su lacio palpitar sereno
el dolor callado de mi destino.
Dejé en su arena la inocencia
de mis blancas horas,
enterré los juguetes de mi abuela
y el estruendo de las bombas
que fatigó mi sueño.
¡Perdí todo!, lo sé,
como perdimos la guerra
al grito de una España católica
que dejó en el infierno nuestras almas
y los cuerpos de mis padres.
En mis duermevelas escuché
el reventar de las olas,
su ir y venir lejos de mis pupilas.
Muros sin ojos para el mundo
nutrieron de espanto nuestros sueños,
y el grito por un retorno ilusorio
nos encontraba mudos.
Otra guerra tronchó la esperanza
de jugar en la tibieza de su vaivén.
El terror de nuevas bombas
hundió el anhelo del Mexique,
que anunció a los cielos
la llegada de niños peregrinos.
Los barcos de Veracruz bendita
acogieron nuestra niñez desnuda.
Mi alma desgarrada quiere lavar en mi mar
la angustia de la lejanía.
¡Estoy aquí! Vengo a reclamar
la añoranza de los muertos,
el dolor y la sangre derramada.
Fui un niño de Morelia,
entre España y México,
conquistado por la vida.
Hoy regreso a recuperar mi identidad,
devuélvanme a mi mar para sanar mi herida.
Análisis del poema
El poema está escrito en versos libres y aunque se conforma por varias estrofas, hay algunas de dos, tres y hasta 9 versos. Además, los versos tienen extensiones variadas. Algunos son breves y otros se extienden con tono narrativo y evocativo.
Los versos libres se asocian con la expresión íntima, la libertad emocional y la ruptura con estructuras rígidas. Esto refleja muy bien las sensaciones que transmite el poema. Se percibe que la voz poética está rota territorial y emocionalmente. Asimismo, la alternancia en la extensión de los versos crea un movimiento semejante al de la reflexión y la memoria. Por un lado, hay momentos de contemplación y por el otro, hay desbordamiento emocional.
El poema tiene varias figuras literarias. Wolfgang Kayser considera que las figuras literarias no son simples adornos del lenguaje sino que contribuyen a construir el sentido profundo y la atmósfera, revelando así la visión del poema. En el poema, ayudan a sostener el tono elegíaco, nostálgico y testimonial. Con estas figuras, el poema construye significados alrededor de la memoria traumática, el desarraigo y la reconstrucción de la identidad. El exilio y la herida histórica se expresan como experiencia del mundo por medio de dichas figuras.
El tema del poema gira en torno a la búsqueda de identidad y la reparación emocional por el exilio. El motivo, en cambio, es el regreso al mar de la infancia, como figura del retorno, la recuperación de la patria y de la identidad perdidos.
Interpretación del poema
El poema inicia con una exclamación para afirmar que está presente pero también como confirmación que, pese a la tristeza y la ambigüedad en la que se ha visto envuelto, no ha sido engullido por ese ambiente de desolación y duelo, aunque se encuentra en una especie de limbo.
En la segunda estrofa, encontramos dos figuras. Barcelona funciona como una metonimia del hogar y de la patria de la infancia; pero además se personifica y representa a la madre. De esa manera, la voz poética deja ver las conexiones establecidas con el terruño. También, como un hijo, parece expresar el dolor de quien debió separarse de aquello que amaba. El dolor de la salida todavía se siente y por ello ofrece para el retorno, no una súplica, no una palabra amorosa, sino un grito que contiene la angustia por tanto tiempo retenida.
Recuperar «su» mar aquí implica no solo el deseo de tomar lo que siente que le pertenece, sino la inmensidad de sentimientos de amor, de un dolor intenso pero contenido y de los recuerdos que van y vienen para dar un sentido de pertenencia, asimismo, para atizar la sensación de pérdida.
En las siguientes dos estrofas se amplía esta idea. El sujeto lírico se reafirma para reclamar la validez de sus recuerdos, los cuales le permiten recrear esa época de la niñez cuando su espíritu se sentía en paz, podía sonreír y sentir que la vida era confiable. Sin embargo, persiste la sensación infantil de pérdida: la de quien vio truncadas sus esperanzas y debió guardar en silencio la angustia por el futuro. Era solo un niño, un pequeño obligado por una circunstancia ajena a su propia vida, a abandonar su patria y sus querencias. La imagen creada en los últimos versos es muy triste y conmovedora: un niño que deja el ambiente insano y peligroso de la guerra así como su infancia y sus ancestros representados en los juguetes que alguna vez fueron de su abuela, sin tiempo ni permiso para despedidas ni llantos.
La siguiente exclamación no es para afirmarse sino para constatar una vez más que lo perdió todo. Se usa la sinécdoque España católica para referirse al bando ganador de la guerra, liderado por Francisco Franco, lo cual significó que todos sus «enemigos» ciertos o no, padecieran la muerte o el exilio. Esto le significó perder la inocencia y a sus padres, con lo que su vida dio un giro tremendo a tan corta edad. En esta parte, habla el niño convertido en adulto que recuenta los daños y rememora el infortunio.
Luego, el hablante lírico se refiere a la desesperanza de un pronto retorno debido a una nueva guerra: la Segunda Guerra Mundial. Otras bombas, otra guerra, una mina que terminó hundiendo al buque Mexique, aquel que sirvió para transportar a miles de niños españoles a México y con ello les salvó la vida.
Con amor y agradecimiento, el sujeto poético recuerda la llegada a Veracruz de tantos y tantos niños y cómo fueron acogidos en un puerto que ya no era más su natal Barcelona. La desnudez a la que hace referencia no es solo física sino también emocional. Expresa su desamparo y también la pérdida de la niñez. Ya no pueden ser los que salieron de España. Ahora, quiere sanar la angustia del niño despojado, retornando a su mar, el cual simboliza la eternidad del amor hacia los suyos y hacia su patria. Busca calmar a ese niñito angustiado al que nadie escuchaba porque las bombas y la angustia no daban paso a la expresión del miedo y de la tristeza por la separación. ¡Cuán dolorosa la salida y la pérdida de sus asideros emocionales!
Con la anáfora «¡Estoy aquí!», el hablante lírico, ya adulto, pareciera haber recorrido un largo camino entre los recuerdos y la nostalgia, para, finalmente, solicitar lo suyo porque le fue arrebatado con sangre y dolor. Alude aquí a los llamados «Niños de Morelia» quienes encontraron refugio en México durante la guerra española. Su triste conclusión es que la vida no le dio opción de escoger y ni siquiera de llorar. Creció sintiéndose parte de México, pero sin olvidar a su España natal. Aceptó su permanencia en el país que le abrió las puertas mas no olvidó lo que dejó atrás. La dualidad planteada es real: el exilio no sustituye a una patria por otra sino que produce una identidad partida.
En la estrofa final, la voz poética habla de un retorno que no solo es físico sino de reconciliación con esos recuerdos dolorosos. Comprende que sanar implica recuperar lo que la guerra fragmentó: el origen, la infancia, los asideros emocionales y la continuidad de sí mismo desde lo que fue a lo que la vida le permitió ser.
La nostalgia que se percibe en el poema no solo es dolor por el deseo de regresar a su tierra, sino una manera de reconectar con experiencias pasadas, buenas o malas, que le dan sentido a la propia identidad y una forma de resistirse ante el olvido.
Un agregado
Devuélveme a mi mar, de mi querida Sarahí Jarquín también tocó las fibras del artista Carlos Pereira, quien a partir del poema, hizo una melodía muy hermosa. Comparto aquí el enlace, por si quieren deleitarse con la letra y música: https://suno.com/s/8O5OeEbVCaWj5Qz8

BrendaCarol Morales
Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.




























