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No puede pasar ni un sólo instante en que no estemos en el paraíso

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Imagen por: Foundry Co en Pixabay

Por Carlos Pereira Cohen (Argentina)

El paraíso no es un lugar
que está al final de un camino,
no es el cielo, ni es un altar
que separa lo mundano y lo divino.

Es un instante que perdura
en la sonrisa de un ser amado.
No vale por el tiempo que dura
sino por lo vivido y apreciado.

Es un instante que se esfuma,
un parpadeo, un casi nada,
un soplo de aire, una pluma
o el fulgor de una mirada.

El café que humea en la mañana,
el aroma y sabor que viene del mar,
una novia esperando en la ventana,
un niño que quiere salir a jugar.

Es el olor de la tierra cuando llueve,
el eco de un silencio que sorprende,
disfrutar lo bello aunque sea breve,
en un sólo instante que trasciende.

Soy Carlos Pereira Cohen desde Mar del Plata, Argentina y hoy me voy a referir a la inspiración provocada en mí por un AFORISMO de Jorge Luis Borges: “ No puede pasar ni un sólo instante en que no estemos en el paraíso”

El paraíso no está reservado para el final de los tiempos ni oculto en geografías lejanas. Jorge Luis Borges nos dejó sembrada una certeza luminosa en uno de sus aforismos más bellos: Partiendo de esta premisa de raíz borgiana, mi poema desarma la ilusión de la trascendencia abstracta para devolvernos la eternidad hecha carne en lo cotidiano.

En esta pieza hecha tango, Borges no es solo una cita de autoridad intelectual, sino el faro que ilumina la mirada. El aforismo se vuelve pulso y compás, recordándonos que lo absoluto cabe en un parpadeo: el aroma del café, la tierra mojada por la lluvia, la espera o la mirada cómplice. Es la consagración de lo efímero como la única eternidad posible.