Por Salvador Calva Morales
¿Qué hace el veterinario
que cuida al toro de lidia?
No solamente lo cura
ni solamente lo auxilia;
también cuida una estirpe,
una historia, una familia.
Porque detrás de cada toro
hay trabajo y hay sustento;
hay ganaderos que entregan
su vida, su fe y su tiempo;
hay empresarios, toreros
y hombres de conocimiento.
Está quien cuida la plaza,
quien prepara cada faena,
quien vive de la fiesta
y quien trabaja en la arena;
monosabios y mayorales,
cada cual cumple su tarea.
Y no termina en la plaza
lo que representa el toro:
su carne alimenta al hombre
y su piel brinda sustento
a quienes de ella viven.
Su cornamenta, su estampa,
su presencia y su bravura
son rasgos de una especie
ligada a nuestra cultura;
alrededor de su crianza
se construyen muchas vidas.
Por eso, el veterinario
no solamente lo atiende:
también protege su vida,
preserva su genética
y trabaja para evitar
que esta especie desaparezca.
Porque cuidar al toro bravo
es cuidar la biodiversidad,
los campos donde se cría
y el equilibrio del entorno;
es defender un patrimonio
que también es humanidad.
Y cuando miro a ese toro,
erguido frente a la vida,
entiendo que el veterinario
tiene una hermosa encomienda:
evitar que la ignorancia
condene a una especie a extinguirse.
Puede haber quien no comprenda
lo que significa su crianza;
puede haber quien mire al toro
desde una perspectiva distinta.
Pero detrás de su existencia
hay trabajo, cultura y labranza.
Por eso digo con respeto,
con pasión y con razón:
el médico veterinario
no es solamente un doctor;
es guardián de una especie,
de una historia y un legado de amor.
Y si algún día preguntamos
qué hace por el toro bravo,
la respuesta está en su entrega,
en su ciencia y en su cuidado:
cuida al toro y cuida el campo,
cuida a quienes están a su lado;
al trabajar para que no se extinga,
preserva también un legado.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta































