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Calavera 2026 para el Dr. Enrique Canchola Martínez

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La Catrina al laboratorio llegó,
revisando microscopios y libros de anatomía,
buscaba la Catrina a quien darle compañía.
Entró a la UNAM callada, buscando al profesor,
y luego a la UAM-Iztapalapa con cierto gran fervor.
“¿Dónde está el Dr. Canchola?”, gritaba en el pasillo,
“¡Que vengo por su alma y no es juego sencillo!”.

Pero Enrique la atendió con calma y gran finura,
hablándole de neurociencia y de escultura.
Le dictó una gran cátedra de neuroendocrinología,
mezclada con poemas, física y geometría.

Le enseñó el MACCA en el aula autogestiva,
y la Huesuda atenta escuchaba pensativa.
“Con tanto Infinitismo y Ciencia Romántica,
me cambió la idea tan pragmática”.

Asombrada del talento y de su trayectoria,
decidió no llevárselo y dejarlo en la memoria.
“Quédate Canchola en la Tierra, maestro de la vida,
que tu huella científica jamás será olvidada.

Sigue dando clases, escribe sin frenar,
¡que al Infinito contigo yo prefiero viajar!”.