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Una fábrica de problemas: la indolencia técnica

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– La Historia Jamás Contada –

Entre los lastres culturales de los que aún no hemos podido deshacernos, está el de no enfrentar ciertos problemas que se nos presentan recurrentemente, pese a conocerlos de sobra -y también sufrirlos, por supuesto- y contar con los recursos materiales e intelectuales para hacerlo y, muy probablemente, resolverlos satisfactoriamente.

Es una ACTITUD que lleva siglos de ser señalada, básicamente por visitantes provenientes de culturas más industriosas, disciplinadas o proactivas, cuyas críticas no suelen ser tomadas en cuenta o, por el contrario, provocar una ola de indignación nacional(pri)ista, como sucedió con la caricatura que muestra a un “indito” con un gran sombrero y envuelto en un sarape, que dormita recargado en un “órgano” (cactus).

Pero no sólo extranjeros, sino también nacionales conscientes de tan intrigante comportamiento, como el otrora popular compositor satírico Salvador (“Chava”) Flores, quien dedicara al tema la icónica canción “¿A QUÉ LE TIRAS CUANDO SUEÑAS, MEXICANO?” (Aunque dicha actitud no es exclusiva de nosotros, ni mucho menos: ahí tienen, por ejemplo, la dolce far niente de los italianos.)

El dulce placer de no hacer nada, algo muy natural cuando se presentan las condiciones propicias, deja sin embargo de serlo en cuanto adquiere el carácter de una virtual obligación social, una especie de acto cívico, en cuyo caso hay que empezar a pensar seriamente en ello.

Un ejemplo personal ilustrará lo que digo y la reflexión que me motivó a la hora de redactar este artículo.

Sucede que hace poco más de un año, durante el desarrollo de un ambicioso programa municipal de reencarpetamiento de calles, tanto al operador de la pala mecánica, como a los peones, el capataz y toda la cadena de mando, se les hizo fácil dejar el escombro apilado contra una pared, pero que por su volumen obstruía completamente el tránsito sobre la banqueta, obligando a los peatones que forzosamente tenemos que pasar por ahí, a descender al arroyo vehicular, con el riesgo inminente que esto representa.

Al día siguiente de vivir la experiencia tanto de ida como de vuelta y voluntarioso como soy, regresé armado de una escoba gastada, un recogedor en iguales condiciones y un trozo de estructura tubular en escuadra, dispuesto a despejar una faja de ancho suficiente para poder pasar, lo que conseguí tras cuatro horas de faena bajo el rayo del sol, durante la cual algunos transeúntes y un conductor me manifestaron su reconocimiento.

Para la siguiente mañana, cuando llegué a ensanchar más la faja, ya no había escombro: se lo habían llevado durante la noche. (¡Bien por el funcionario del Gobierno -de oposición- que se enteró y puso el remedio!)

Pienso que la INDOLENCIA TÉCNICA, tan generalizada en nuestra cultura, es fruto originalmente de la falta de activación temprana y posterior cultivo o entrenamiento de la IMAGINACIÓN respectiva, de modo que el individuo común es incapaz de figurarse cómo pasar de una situación indeseable a otra más satisfactoria, mediante una serie ordenada lógicamente de operaciones relativamente simples que conduzcan certeramente a la deseada: un ALGORITMO, ni más ni menos.

Pero esta inacción culturalmente condicionada, al repetirse inconsciente pero sistemáticamente con cada problema específico, con el tiempo se consolidará como un rasgo de carácter, de tal manera que el individuo, al reconocer algo como un PROBLEMA, en automático le dará la vuelta y esperará que sea la Providencia (divina o gubernamental) la que lo solucione.

Nada que ver con un metafísico “ser del mexicano”, como conjeturaban algunos intelectuales (filósofos, psicólogos, poetas y similares) durante la época dorada del “nacionalismo revolucionario” (?), cuyos ideólogos estaban resueltos a dotar de una identidad nacional a los habitantes así fuera por la vía express de no contrariar sus atávicas costumbres, aunque muchas de éstas impidieran su desarrollo. (Como le escuché decir a Carlos Monsiváis en una conferencia en la Casa de la Cultura local: “El mexicano es el único pueblo que se enorgullece de sus defectos”.)

¿O qué piensan ustedes al respecto?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.